sábado, 3 de septiembre de 2011

El libro de los pájaros negros





Alex Romero M.

Hace algún tiempo, inspirado en las lecturas de Kuhn y Popper, concluí como buen estudiante que la condición primigenia del cambio en las ciencias es el statu quo, el dogma o, siendo más precisos, la “ciencia normal”. Y en el plano de la artes no es distinto. La imitatio es el primer paso hacia aquello que se convirtió en el ideal de los primeros románticos alemanes: la autenticidad.
Jorge Casilla Lozano (Lima, 1982) y su opera prima, El libro de los pájaros negros, es el resultado de una multiplicidad de influencias que, siendo producto del azar, la instrucción y la curiosidad literaria, lo han llevado a buscar su propia identidad narrativa. Los cuentos que conforman este libro se insertan en diversas tradiciones (fantástica, neorrealista, andina, etc.) y revelan los distintos senderos del escritor, siendo la literatura oriental uno de ellos. Autores como Murakami, Mishima, Oé y Kawabata han enriquecido su universo narrativo llevándolo a escribir cuentos de influencia como “Sol” y “Harumi y el perro” en la sección tercera de su libro.
***
“Sol” es un cuento que busca llegar a un alto grado de lirismo y refinamiento en la descripción de la naturaleza y el desencuentro amoroso de sus personajes. Dedicado a Kawabata, el autor aspira, con el mismo refinamiento lírico del premio nobel japonés, contar una historia que se compenetre con el movimiento inexorable del sol. Natsumi y Yusuque, los protagonistas, son víctimas del desengaño y la ambivalencia. Su relación, resultado de la magia y la ternura de sus vidas, se desenvuelve en un punto muerto de la naturaleza: las tres de la tarde, “cuando el sol no despierta ni duerme, cuando no da vida ni muerte” (pág. 84). Sólo el declinar del sol es lo que se puede esperar después de esa hora y esto, a su vez, es el anuncio de un final marcado por la tristeza y la desilusión:
“¿Qué has hecho Natsumi? ¿Por qué no vienes?, pensé mientras sentía
en mi piel el frio inerte del atardecer y veía cómo el sol, se
moría entre los árboles.” (pág. 87)
***
 “Harumi y el perro” es un cuento marcado por la volubilidad y la confusión. Takeshi no sabe cuál es su lugar en el mundo de Harumi lo que lo obliga a grandes sacrificios como el de negarse a sí mismo pero sin llegar a ser otro. Es la historia de una pérdida donde el tiempo no se puede recuperar y donde la naturaleza no es ya razón de armonía sino de contraste frente a un amor “enfermizo y corrupto”. Las páginas del autor nos describen a una mujer dueña de su cuerpo y de la propia certeza de su razón de ser (invariable e indistinta). La frase con la cual se da fin a la primera parte del relato se convierte en una ironía que consume al lector y al protagonista en el vacío de los tiempos:
“Ninguna mujer me había amado tanto como para querer ser otra” (pág. 74)

Sin duda, los cuentos del autor nos llevarán a explorarnos y a cuestionarnos en nuestros afectos y locuras.
Un libro recomendable.



No hay comentarios:

Publicar un comentario