viernes, 25 de septiembre de 2026

Justicia poética en "La ciudad y los perros" (sobre el caso del Liceo Naval)

 A partir de los lamentables e indignantes sucesos acaecidos en el Liceo Naval Almirante Guise, se han producido discusiones alrededor de este hecho con el fin de buscar un horizonte de comprensión de lo que somos como sociedad. Sin duda, esto resulta necesario si es que creemos realmente en un país que se construye a partir del consenso ciudadano. En medio de esta discusión colectiva acerca de cómo se deberían educar a los más jóvenes, han aparecido distintas referencias a la trama principal de la primera novela de Mario Vargas Llosa: La ciudad y los perros. Sin duda, la representación del abuso y la violencia tiene una larga tradición en nuestra literatura y, de manera emblemática, en la de nuestro premio Nobel.

Es así que, en una de mis últimas clases con mis estudiantes de quinto año, recordé un fragmento específico de la novela y la compartí con ellos. Se trata del momento en que el grupo liderado por el Jaguar, El Círculo, ingresa clandestinamente a una de las cuadras en las que duermen los cadetes de tercer año (“los perros”) del colegio Militar Leoncio Prado con la intención de cometer un abuso:

No había más consignados en la cuadra, pero sí en la segunda y salimos sin zapatos. Me estoy helando de frío y a lo mejor me constipo. Yo confieso que si oigo un silbato, corro. Trepemos la escalera agachados que se ve desde la Prevención. ¿De veras? Entramos a la cuadra despacito y el Jaguar ¿qué cabrón dijo que sólo había dos consignados? Ahí están roncando como diez enanos. ¿Entonces se corren? ¿Quién? Tú que sabes cuál es su cama, pasa adelante, cosa que no nos comamos a otro. Es la tercera, no ven cómo huele a gordito apetitoso (p.39-40).

La premeditación del grupo es evidente respecto a la elección de la víctima así como también la idea de llegar al sitio de manera sigilosa y sin zapatos. Sin embargo, no contemplaron el hecho de que había más estudiantes de los previstos. Aún así siguieron con su accionar:

Silencio, que te parto en cuatro. Trepa de una vez que ya está bien cogido, huevas. Cómo patea el enano, cómo pateaba, cómo, qué esperas para treparte, no ves que duerme más calato que una foca. Oye Boa, no le tapes así la jeta que a lo mejor se ahoga. Ahorita me echa abajo y sólo me estoy frotando, decía el Rulos, no te muevas que te mato y te hago polvo y qué más quieres que te esté bombardeando, respingado (p.40).

La polifonía de este breve texto de MVLL a partir de un estilo directo libre de diálogos intercalados resulta formidable para representar de manera tan cruda y a la vez estilizada la forma en que procede el abuso del grupo sobre la víctima. Se trata de un actor colectivo que se disgrega en muchas voces indistintas, lo que revela los vínculos de complicidad y corresponsabilidad de todos los victimarios.

En este punto del relato, el autor plantea un quiebre narrativo en la que se da un acto de resistencia ética, de “justicia poética”:

Zafemos que se están levantando los enanos, no te digo, caracho, se están levantando todos los enanos y aquí va a correr sangre a torrentes. El que prendió la luz fue un vivo. El que gritó se están comiendo a un compañero, a la pelea muchachos, también fue un vivo. A mí me manducaron con eso de la luz y ¿sería por eso que le solté la boca?, sálvenme, hermanos. Yo sólo he oído un grito parecido cuando mi madre le largó la silla a mi hermano. ¿Y ustedes, enanos, alguien los ha invitado, qué hacen levantados, por favor, alguien dijo que enciendan la luz? ¿Y ése era el brigadier? No vamos a dejar que hagan eso con el muchacho, maricones. Me he vuelto loco, estoy soñando, desde cuándo se habla así con sus cadetes, cuádrense (p. 40-41).

Es importante detenernos aquí y reflexionar acerca de por qué Vargas Llosa decide no ir más allá respecto a la representación realista de un acto de abuso con todas sus consecuencias e implicancias. Tal vez sea de por sí un acto de rebeldía contra una realidad en la que las violaciones y demás abusos se hacen efectivos y que conlleva la humillación y el vejamen absoluto de la víctima. Lo cierto es que “los perros” de tercero se protegen unos a otros y no permiten que continúe el abuso. No se paralizan frente a la violencia, no callan frente al ataque; por el contrario, uno grita, el otro enciende la luz y el último increpa como brigadier de la cuadra.

Si bien se narra los hechos desde la perspectiva de los abusadores emergen las voces de protesta de los otros. Sin embargo, los victimarios asumen nuevamente la voz narrativa para justificar sus actos:

Y tú de qué gritas, no ves que es una broma. Esperen que voy a aplastar unos cuantos enanos. Y el Jaguar todavía se reía, me acuerdo de su risa cuando yo estaba machucando a los enanos. Ahora nos vamos, pero eso sí, óiganlo bien y no se olviden: si uno solo abre el pico, nos tiramos a toda la cuadra de verdad. No hay que meterse con los enanos, todos son unos acomplejados y no entienden las bromas (p.41).

Esta forma de asumir los actos de violencia a partir de términos como “broma” o “acomplejados” junto a amenazas directas de los victimarios (“si uno solo abre el pico, nos tiramos a toda la cuadra de verdad”) responde sin más a una estrategia de invisibilización o, mejor dicho, de normalización en la que los que merecen sanción son las víctimas dado que ellos no siguen con la “broma”.

Mario Vargas Llosa nos ofrece, de este modo, la posibilidad de que nosotros como lectores podamos leer éticamente la realidad. Es por eso que hemos regresado a esta novela ante un acto de crueldad y brutalidad en una escuela. No se sabe realmente si los jóvenes inocentes que presenciaron aquel acto de horror en un bus escolar pudieron hacer algo en ese momento. La conmoción o el miedo pueden ser paralizantes. Pero hubieramos querido, con todo el corazón, que la literatura en ese caso hubiera triunfado en la realidad con un final mucho mejor, un final feliz, en la que jóvenes cadetes como “los perros” del relato hubieran defendido a un compañero, a un amigo. Un final en la que ninguna persona hubiera sufrido lo que padeció aquel joven un 15 de septiembre.

 Alex Romero Meza

 

Referencia bibliográfica:

Vargas Llosa, M. (2012). La ciudad y los perros (Edición conmemorativa del cincuentenario). Real Academia Española; Asociación de Academias de la Lengua Española; Alfaguara.

viernes, 28 de agosto de 2026

Ockham


Mi aristarco de cuerpo exquisito

mi crítica más severa

mi vida que se examina

socráticamente

por ti


Sé que eres frágil

sé que eres dura

sé que la angustia de tu alma

es morir estando viva

que estudias el alma

con la palabra del alma

que estudias mis palabras

con tus palabras

 

Vida

materia bruta de vivencias

creación lesiva

ansiedad de la indefinición

por la indefensión

crisis existencial

de los sueños incumplidos

 

Yo

desentrañándote

revelándote

desocultándote (Heidegger dixit)

a la extraña que está en ti

enemiga mía que empuña la verdad

que mutila

que secciona lentamente

la grasa de la carne

la claridad de la sombra

la verdad de la otra verdad

la mentira de la misma mentira

 

Confusión

 

Así es la vida

de mi vida

tu vida

con mi vida

el extrañamiento del extraño

terapia corrosiva

autoconstructiva

mirarse desde fuera

reconocerse

apropiarse

para conocerse

y desconocerse

en el sueño arcano

del extraño

 

yo te extraño

 

Terapéutica

siempre

bálsamo

de redención

cuando uno vive y muere

por la vida y

por la muerte

 

yo te extraño

 

Arcana siempre

bosque de redención

para los que se pierden en pecado

 

Yo te amo


Alex Romero


Exhibición biobliográfica "La morada del impostor". Una aproximación a La ciudad y los perros

Siempre existe mucho entusiasmo por la idea de sacar a nuestros estudiantes a visitas de campo a museos, teatros o centros culturales. Sin embargo, el frenesí de las clases y las evaluaciones, así como las exigencias del día a día (sobre todo para los estudiantes del IB, que buscan estar listos para sus evaluaciones internacionales), impiden o limitan estas iniciativas.

Un colega proponía, por ejemplo, una visita a la Casa de la Literatura Peruana (Caslit) para disfrutar de una exposición sobre los primeros años de nuestro nobel, Mario Vargas Llosa, vinculados con la lectura y la escritura como cimientos de una vocación. Lastimosamente, esta no pudo realizarse.

No obstante, queda apelar a la creatividad y proponerles algo semejante dentro del mismo colegio: una mini exhibición sobre _La ciudad y los perros_. Recopilar libros sueltos que, directa o indirectamente, nos permitan comprender mejor la novela resulta ser una experiencia gratificante.