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domingo, 28 de julio de 2013

SER Y TIEMPO / Dasein y temporeidad




Capítulo primero

La posibilidad del estar-entero del Dasein y el estar vuelto hacia a la muerte

§48. Resto pendiente, el fin y la integridad.

Heidegger, con la finalidad de interpretar ontológicamente el fenómeno de la muerte, buscará en este apartado seguir la determinación existencial de dos fenómenos que le son constitutivos: el fin y la integridad.  El abordaje de ambas cuestiones —su caracterización ontológica— sólo puede plantearse provisionalmente, pues un análisis adecuado de ambos fenómenos implicaría no sólo la exposición de la estructura formal del fin y de la integridad sino también desarrollarlas en variantes estructurales regionales (“desformalizadas”), referidas a cada género de entes y determinadas desde su ser. Esto sólo es posible con una interpretación, positiva y precisa, de los modos de ser que “posibilitan una división por regiones de todo ente” (pág. 262) que exige, a su vez, una idea del sentido del ser en general. El autor nos presenta esta potencial contradicción si olvidamos que, aquello que precisamente nos permitiría cumplir enteramente esta labor, es el objetivo de toda la investigación realizada hasta aquí.

La labor de Heidegger en este parágrafo será la de considerar al fin y a la integridad sólo en sus variantes existenciales, es decir, en aquellas determinaciones ontológicas propias del Dasein, para así guiarnos en una interpretación originaria de este último. Ello implica también juzgar en qué medida los conceptos del fin y de la integridad que se nos presentan en su primer darse son ontológicamente no convenientes al Dasein. La asignación positiva de estos conceptos a una región específica permitirá una comprensión del fin e integridad como existenciales que hará posible una interpretación ontológica del fenómeno de la muerte.  En otras palabras, es necesario para el autor partir del Dasein mismo para extraer “el sentido existencial de su llegar-a-fin y mostrar cómo semejante “terminar” puede constituir un estar-entero del ente que existe.” (Pág. 263).

Heidegger, para iniciar la labor planteada líneas arriba y sintetizar lo dicho acerca del fenómeno de la muerte, formula tres tesis sobre ella.

A. Al Dasein le pertenece, al seguir existiendo, una posibilidad (un no-todavía) que él habrá de ser (un resto siempre pendiente).

B. El llegar-a-su-fin de lo que es (existencia) siempre en el modo (existencial) de no-haber-llegado-aún-al-fin tiene el sentido de un no-existir-más.

C. El llegar-a-fin conlleva un existencial (modo de ser) absolutamente insustituible (las cursivas son mías).

Nuestro autor constata que en el Dasein hay una perenne “no-integridad”  que es imposible de anular en la propia existencia y que solo llega a su fin con la muerte. Sin embargo, el hecho de que al Dasein, mientras está siendo, le “pertenezca” este no-todavía —es decir, lo que tiene y aún le falta— no puede interpretarse ontológicamente como resto pendiente.  El estar pendiente (las cursivas son mías) es una relación óntica pues, entendida como falta, se basa en la pertenencia de una cosa en otra (carácter intramundano). Heidegger nos propone el ejemplo del saldo de una deuda donde lo pendiente es aún no disponible —en contraste con el Dasein que dispone del no-todavía que es la muerte posible— hasta que se cancele la deuda, cuando los sucesivos ingresos  llenan el no-todavía hasta que la suma total esté “junta” o completa. En otras palabras, el estar pendiente significa para Heidegger el no-estar-todavía-junto (no disponible) de lo que debiera estar junto (por tener que alcanzarse una “suma total”). En un sentido ontológico, el estar pendiente plantea una relación de entes a la mano donde ellos se agregan unos a otros sin que se genere modificación alguna. El estar pendiente plantea la no-totalidad vigente que “se suprime por la reunión acumuladora de partes” (pág. 263) pues al implicar ella el modo de ser de lo a la mano debemos caracterizar el estar-junto o no-estar-junto, que se basa en dicha relación óntica, como simple suma. Con ello se resalta aquí que el faltar (no-estar-junto) en tanto que resto pendiente no caracteriza el no-todavía (muerte posible) que es un constituyente del Dasein por el hecho fundamental de que éste no es un ente intramundano, una cosa. El Dasein en el modo de estar-junto no se constituye por una suma —de entes a la mano— sino que, al contrario, al “colmar” su no-todavía no llega a estar junto pues en ese momento simplemente ha dejado de existir. El autor lo plantea positivamente: el Dasein existe siempre en el modo de ser en que incluye cada vez su no-todavía (muerte posible).

Con el fin de afianzar esta idea, Heidegger nos plantea la siguiente interrogación: ¿hay algún ente que le pueda pertenecer un no-todavía sin que tenga el modo de ser del Dasein? El autor, en el intento de dar una respuesta, nos presenta dos ejemplos. El primero es el de la luna, cuyo último cuarto le falta para estar llena, donde su no-todavía se reduce “con el ir menguando de la sombra encubridora” (pág. 264), sin embargo, la luna ya está siempre en su totalidad. Si asumiéramos que la luna nunca puede aprehenderse totalmente, pues el no-todavía aquí no se refiere a un no-estar- todavía-juntas de las partes sino a la incapacidad de la percepción de “tenerla” completamente, tampoco podría semejarse al no-todavía del Dasein pues, a pesar de tener en común el ser provisional e inaccesible a la experiencia, “no es todavía real”. La cuestión que involucra al no-todavía del Dasein es su posible ser y, a su vez, no ser ya que éste tiene el carácter de devenir (“ser, él mismo, lo que todavía no es”) por lo que, si se le ha de comparar en su modo de ser (el no-todavía), tiene que ser con un ente que asuma el carácter de devenir. Ello nos lleva al segundo ejemplo del autor. 

Otro ente que tiene este carácter de devenir al igual que el Dasein es el fruto que va madurando y cuyo fin es la madurez plena. Su ser como fruto lo determina a ese camino de la madurez por lo que este proceso no se define por el añadido de algo externo (“que aún no- estaba-ahí”), por algo agregado que pueda contribuir con esa maduración. En este caso, el no-todavía no se define por la falta de algo extrínseco sino que, por ser la maduración algo que viene de sí mismo, “se refiere a él mismo, en su modo específico de ser” (pág. 264). El fruto al ir madurando se define precisamente por la inmadurez por lo que el no-todavía ya está en incorporado en su propio ser. Al igual que el Dasein, el fruto inmaduro siempre es, mientras está siendo, su no-todavía.  Para Heidegger la “no integridad” que se constituye en el Dasein es un no-todavía que, “por ser el ente que es, tiene que ser cada vez” (pág. 265). La semejanza con el fruto inmaduro es clara, sin embargo el Dasein presenta diferencias importantes pues, si bien ambas son cada vez su no-todavía, no coinciden en la estructura ontológica de fin (madurez como fin / la muerte como fin). La madurez del fruto significa que éste llegó a la consumación, es decir, que ha explotado todas sus posibilidades inherentes; pero en el caso del Dasein es diferente pues su muerte no significa que haya agotado todas sus posibilidades. En la mayoría de casos, el Dasein muere en un estado de inmadurez o, por el contrario, él ha alcanzado (sobrepasado) la madurez mucho antes de que llegue su fin. Heidegger deja claro con esto que el terminar no guarda una relación necesaria con el consumarse, con lo que el autor considera imprescindible abordar su significado si se ha dicho que la muerte se entiende como el terminarse del Dasein.

Terminar significa acabarse pero aquello que se da de forma provisoria tiene diversos sentidos ontológicos. Acabar en el sentido del desaparecer (“la lluvia ha terminado”); acabar en el sentido del pasar al no estar-ahí, es decir, determinar a un ente es su específico estar-ahí (“el camino se acaba”); acabar como llegar al estar-ahí por medio del fin, esto es, que asume el carácter de no concluso (“un camino en construcción se interrumpe”) o concluso (“el cuadro que se acaba con la última pincelada”). Aquí el terminar entendido como llegar a estar concluido no implica consumación pero sí a la inversa, sin olvidar que la conclusión de algo sólo es posible en el plano óntico (algo que está ahí / algo a la mano). Es así que ninguno de estos sentidos del terminar caracteriza la realidad de la muerte como fin del Dasein pues si esto fuera así se asumiría a este como un ente intramundano.

Se ha visto que en la muerte el Dasein no se ha consumado ni desaparecido, ni ha llegado a estar concluido, ni es enteramente disponible como un útil. Por el contrario, la existencia del Dasein es la de ser siempre su no-todavía, él es constantemente su fin. Esto nos lleva considerar el terminar de la muerte como el estar vuelto hacia el fin del Dasein y no como un haber-llegado-a-fin de este ente, mientras que el morir “es una manera de ser de la que el Dasein se cargo tan pronto como él es” (pág. 266).

Esto lleva al autor a ver la exigencia de aclarar el sentido del terminar (“estar vuelto hacia el fin”) desde el modo de ser del Dasein con la finalidad de definir, a su vez, el sentido de lo que se dice cuando uno se refiere a la integridad del Dasein. Todo ello partiendo del supuesto de que la muerte constituye tal integridad del Dasein en tanto que se asuma como “fin”. Por otro lado, esta labor contribuirá a la comprensión de lo que es el no-todavía de la existencia como algo previo a ese “fin”.

La finalidad primigenia del capítulo que es la comprensión de la integridad propia del Dasein por medio de un entendimiento cabal de los sentidos de no-todavía y terminar no ha llegado a su meta en este parágrafo pues aquí sólo se ha mostrado (“negativamente”) la imposibilidad de interpretar el no-todavía de este ente como un resto pendiente. Aquí solo se ha podido caracterizar inadecuadamente el fin-al del Dasein (al que este, al existir, está vuelto) al ser determinado mediante un haber-llegado-al-fin. Sin embargo, Heidegger quiere demostrar que la caracterización positiva del no-ser-todavía, terminar e integridad sólo puede lograr si meditamos de forma inversa los fenómenos aquí tratados, es decir, si tenemos como clara orientación al ser constitutivo del Dasein: el cuidado. Sólo así será posible la interpretación analítico-existencial positiva de la muerte y su carácter de fin.


§49. Delimitación del análisis existencial de la muerte frente a otras posibles interpretaciones del fenómeno.


“y, finalmente, la relación que más honda y generalmente determina el sentimiento de nuestra existencia es la de la vida vuelta hacia la muerte; en efecto, la limitación de nuestra existencia por la muerte es siempre decisiva para nuestra comprensión y nuestra apreciación de la vida”

W. Dilthey

Heidegger inicia este parágrafo planteando que la interpretación ontológica de la muerte debe primero explicitar una toma de conciencia clara sobre aquello que no se puede preguntar pues sería “vano” esperar una verdadera respuesta o información.

La muerte, en su sentido extenso, es fenómeno que forma parte de la vida mientras ésta debe ser comprendida como un modo de ser que es propio un estar-en-el-mundo. La vida para el autor sólo “puede precisarse ontológicamente en forma privativa y con referencia al Dasein” (pág. 267). Sin embargo, esta manera propia de abordar la vida desde la ontología no desplaza la posibilidad de considerar al Dasein como “pura vida”, es decir, ónticamente (abordado desde las ciencias biológicas como parte de reino animal). Aquí, dice Heidegger, se puede estudiar acerca de la duración de la vida, su relación con la reproducción y el crecimiento como también las clases de muerte, sus causas y sus modos de manifestación. En esta investigación “óntico-biológica” de la muerte se encuentra por debajo la problemática ontológica de “cómo se determina desde la esencia ontológica de la vida la de la muerte” (pág. 267). Si bien la investigación óntica de la muerte ha resuelto esta cuestión de alguna manera en ella operan pre conceptos acerca de la vida y la muerte que deben ser aclarados por medio de una ontología del Dasein. De igual modo, Heidegger declara la subordinación del análisis existencial de la muerte a la que se debe hacer  sobre la constitución fundamental del Dasein; y, a la vez, aquélla debe ser previa a toda ontología de la vida. Si el terminar de la vida de un ente intramundano se le ha llamado fenecer, nuestro autor, considerando de la misma manera que el Dasein “posee” una muerte de este tipo (fisiológica, vital) y que ésta se encuentra codeterminada por su originario modo de ser donde un rasgo fundamental es el de poder terminar sin que propiamente muera, llama a este “fenómeno intermedio” dejar de vivir. El morir para Heidegger se distingue de ese, digamos, “morir óntico” porque ella se ha de entender sólo existencialmente, como la manera de ser con la que el Dasein está vuelto hacia su muerte. En conclusión, el fenecer no se condice con el Dasein, pero su dejar de vivir sólo es posible en el morir ya que el primero es algo previsto (esperado / temido) por el hombre mientras que el último consiste en la posibilidad de dejar de vivir. El fenómeno intermedio del dejar de vivir puede ser estudiado con resultados significativos desde la investigación “médico-biológica” no sólo en el plano óntico sino ontológico, en la medida en que se siga la orientación fundamental para la interpretación existencial de la muerte.

Heidegger ha dicho que una ontología de la muerte precede a la de la vida, pero sirve de fundamento a toda investigación en el plano de lo histórico-biográfico como todo abordaje psicológico-etnológico del fenómeno de la muerte. Esto es así porque, por ejemplo, cuando se caracteriza las maneras en que se “vive” el dejar de vivir existe ya el concepto de la muerte. De igual manera, toda psicología acerca del hecho de morir nos “informa más sobre el vivir del muriente que sobre el morir mismo” (pág. 268). Nuestro autor considera que estas son diversas formas de manifestar el hecho básico de que el hombre no muere con y en la vivencia del dejar de vivir fáctico (morir óntico). La magia y el culto en los pueblo primitivos como una serie de comportamientos frente a la muerte, además de las concepciones que sobre ella han cultivado son una muestra de un primer esfuerzo de comprender al Dasein. Pero la interpretación de esta comprensión requiere en principio de una analítica existencial y un concepto de la muerte. 

Una de las cosas que advierte el auto en este parágrafo es el hecho de análisis ontológico de la muerte no conlleva a una postura “existentiva” acerca de ella. En otras palabras, cuando se determina la muerte como “fin” del estar-en-el-mundo (del Dasein) no implica ello una decisión óntica sobre diversas interrogantes sobre lo que sucede después de dejar de vivir (si se sigue viviendo, si se ha llegado al sobrevivirse a la condición de inmortal, etc.). Las diversas cuestiones sobre el “más allá” y el “más acá” no se abordan ónticamente, porque además no existen cosas tales como normas y reglas de comportamiento ante la muerte. Su análisis se mantiene “en el más acá” en la medida en que esta interpretación sólo toma a este fenómeno como algo que se manifiesta dentro del Dasein, en tanto sea éste una posibilidad de ser. La pregunta sobre qué hay después de la muerte carece de justificación y seguridad metodológica por lo que no tiene sentido plantear este tipo de interrogante; sólo podrá hacerse cuando exista una comprensión plena acerca de su esencia ontológica. Dicha interrogante queda en suspenso en su posibilidad de pregunta teórica pero queda claro que la “interpretación ontológica de la muerte desde el más acá precede a toda especulación óntica sobre el más allá” (pág. 268).

En un último plano, Heidegger señala que algo que se puede llamar una “metafísica de la muerte” no puede formar parte de un análisis existencial de la muerte ya que preguntas tales como el porqué y la manera cómo “entró” la muerte en el mundo, qué sentido asume en la omnitud del ente en tanto que mal y sufrimiento, exige como supuesto una comprensión existencial de la muerte así también una ontología de omnitud del este en su totalidad y una abordaje meticuloso del mal y de la negatividad en general.

De otro lado, el autor declara  la “prioridad metodológica” de la analítica existencial de la muerte frente a diversas disciplinas ónticas (biología, psicología, teodicea, teología) si bien ellas muestran la ausencia de contenido concreto de toda formulación ontológica de este fenómeno. Por ser el Dasein algo distinto a un ente intramundano (“algo que está ahí”) ya que a su existencia y sus modos le es propia una “una forma de ser-posible”, no será sencillo descifrar la estructura ontológica de la muerte, si asumimos como verdadero que ella (la muerte) es una posibilidad eminente de este Dasein. La ontología de la muerte, además, debe prevenirse de toda idea casual o arbitraria de ésta por lo que es necesaria una caracterización del modo de ser del Dasein en que la idea de “fin” se haga presente en la cotidianidad media. Para Heidegger, forma parte de la esencia de toda indagación ontológica acerca de la muerte que un análisis existencial de ella “resuenen también posibilidades existentivas del estar vuelto hacia la muerte” (pág. 269). La conceptualización existencial no deberá estar acompañada de alguna vinculación con un modo de existencia específico, sobre todo de forma especial en relación a la muerte pues en ésta el Dasein se muestra plenamente (“de la forma más aguda”) en su carácter de posibilidad. El autor ha logrado en este parágrafo dejar en claro que la problemática existencial busca develar “la estructura ontológica del estar vuelto hacia el fin que es propia del Dasein” (pág. 269).



FUENTE: Martin Heidegger. Ser y tiempo. Trad. de Jorge Eduardo Rivera. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 2002.



martes, 17 de abril de 2012

SER Y TIEMPO / La exposición de la tarea de un análisis preparatorio del Dasein



Alex Romero M.


§9. El tema de la analítica del Dasein.

Tal como se expuso en la introducción de Ser y tiempo, la analítica del Dasein es la primera tarea que nos plantea el desarrollo de la pregunta por el ser ya que el “ahí del ser”* es el punto de partida a esta interrogante**. La analítica del Dasein es el primer paso ineludible para que la ontología fundamental cumpla la misión de interpretar al ser en cuanto tal. Lo que hay que decir, sin embargo, es que esta posibilidad aún es lejana si consideramos el carácter “incompleto”, “provisional” de la analítica “preparatoria” del Dasein. Ella mostrará o sacará a luz el ser de este ente pero sin darnos su sentido, es decir, revelará sus estructuras fundamentales sin que estas sea interpretadas aún como modos de la temporeidad.

A. Caracterización general del Dasein.

Al abordar el tema de la analítica del Dasein, lo que nos dice el Heidegger es que este ente particular que se interroga por el sentido del ser no nos resulta extraño en razón a que “lo somos cada vez nosotros mismos” (pág. 67), es decir que el “ahí del ser” de esta analítica lo constituye la existencia humana pero no se trata aquí del “hombre” que, como cualquier otro ente, posee propiedades y es abordado por las ciencias positivas como una cosa o substancia. Por otro lado, el Dasein, cuyo ser es mío, se realiza siempre y cada vez de un modo diferente por lo que a su ser le va su ser, es decir, que se conduce desde su existencia a otras formas posibles de existencia ya que “él está entregado a su propio ser” (pág.67).

 
B. Rasgos fundamentales del Dasein.

En consecuencia a la caracterización general del Dasain es indispensable aclarar que cuando el autor habla de la “esencia” del Dasein (que él mismo coloca entre comillas) se remite a que ella consiste al tener-que-ser de un modo u otro, es decir, que a comparación del resto de entes, el Dasein no se puede concebir como una mera presencia o estar-ahí (existentia) pues él no está dado de una vez y para siempre. Heidegger para referirse a esta “esencia” del Dasein no emplea el término tradicional existentia que es propio de los demás entes sino el de Existenz, existencia, esto es, la determinación de ser exclusiva del Dasein.

La “esencia” del Dasein consiste en existir o, dicho más precisamente, ser en el modo que es el existir. El Dasein es desde el modo de la existencia por lo que no puede tener el carácter fijo y estable de los demás entes. Él no posee propiedades y no es un ejemplar que pertenezca, a comparación de los otros entes, a tal o cual categoría, en cuya actualidad permanente se convierten en esencias de cualquier disciplina científica. Lo que caracteriza al Dasein son las “maneras de ser posibles para él” (pág. 67) que se puede entender como el poder-ser de este ente particular pues siempre está dirigido a sus posibilidades. 

Otro punto que sale a la luz con la caracterización general del Dasein es la de ser-cada-vez-mío. El “ahí del ser” implica siempre los pronombres personales “soy yo”, “tú eres” pues, como se ha dicho, el Dasein no es un qué al igual que otros entes sino un quién, es decir, una existencia. En este punto también se revela el hecho de que este ente particular “se comporta en relación a su ser como en relación a su posibilidad más propia” (pág. 68), en otras palabras, que es una posibilidad constante de asumirse a sí mismo. A partir de su existencia, tiene la posibilidad de ser cada vez, o no, sí mismo. Puede elegir su modo de ser y esto conlleva “elegirse” en su ser más “propio” e “impropio”, esto significa, en qué medida es suyo o en qué grado de determinación se encuentra por el “ser-cada-vez-mío”. La propiedad como modo de ser significa que se ha ganado a sí mismo llegando a ser plenamente sí mismo sin perderse. La impropiedad significa que el Dasein mismo se pierde como tal o, habiéndose ganado aparentemente, se ha confundido entre muchos sin ser sí mismo.

C. La correcta presentación del Dasein en su analítica ontológica.

A partir de los caracteres propios del Dasein, Heidegger concluye que “una analítica de este ente se ve confrontada con un dominio fenoménico sui generis” (pág. 68), por lo que, a pesar de ser ésta una aproximación provisional, es necesario tener un punto de partida adecuado, la forma correcta de presentación de este ente que, en razón a su “esencia”, no puede abordarse a partir de la mera constatación de algo que está presente. La interpretación ontológica del Dasein exige, para el autor, iniciar de la “existencialidad de su existencia” (pág. 69), en otras palabras, del modo de ser del ente que existe.

La analítica es una descripción del Dasein en sus posibilidades propias como en sus situaciones inmediatas. Heidegger nos dice que el “ahí del ser” tiene que mostrarse en su “indiferente inmediatez y regularidad” (pág. 68) pues en virtud a ello se presenta en el modo de ser que le es más propio, es decir, en el que se pueda mostrar en sí mismo desde sí mismo. La forma de acceder a ello es la cotidianidad que es, a su vez, el modo corriente y ordinario de cómo el Dasein se vive a sí mismo y que, al ser el ámbito previo a toda comprensión ontológica del ser dada por alguna teoría o filosofía, es la forma cercana de abordar al Dasain y otorgarle una caracterización positiva.

Heidegger considera la cotidianidad, como un modo de abordar al Dasein, ha sido ignorada por su supuesta obviedad (el Dasein es aquí lo “ónticamente más cercano” y, sin embargo, lo “ontológicamente más lejano”), sin considerar que en ella este ente particular puede ser aprehendido en sus determinaciones ontológicas.

D. La estructura existencial del Dasein desde la analítica antológica.

Las explicaciones del ser en la analítica del Dasein surgen a partir de su estructura existencial. Debido a que sus “caracteres de ser” (pág. 69) se determinan desde los modos del existir que le son propios, estos se han venido a llamar existenciales. Los caracteres de ser que se refieren al Dasein reciben este nombre. Los existenciales se deben distinguir, por tanto, de las categorías que son otros caracteres de ser referidos a otras formas de ente. Ellas son las determinaciones de ser de los entes que no existen, es decir, que no comparten el modo de ser propio del Dasein. De acuerdo al autor, este término, categoría, mantiene su significación original, propia de la ontología antigua, por ser la forma de acceso o interpretación de todo ente que se encuentra dentro del mundo y que permite la manera de referirse a él y plantearle “en su cara lo que él es ya siempre como ente” (pág. 70). Las dos forma de caracteres del ser —existenciales y categorías— interrogan, en consecuencia, al ente de una forma diferente, ya sea como existencia (quién) o como estar-ahí (qué). Sólo la conexión entre ambas podrá ser aclarada en “el horizonte de la pregunta por el ser” (pág. 70).


§10. Delimitación de la analítica del Dasein frente a la antropología, la psicología y la biología.

Luego de fijar positivamente el tema de investigación y resaltar la importancia de la analítica existencial como la que contribuye a “poner al descubierto aquel a priori que tiene que ser visible si la pregunta qué es el hombre ha de poder ser filosóficamente dilucidada” (pág. 70), Heidegger afirma que esta analítica ontológica está antes que toda posible investigación del Dasein. La razón de este deslinde frente a la psicología, la antropología y la biología obedece a que estas últimas se pueden caracterizar principalmente como ciencias ónticas del hombre pues consideran al Dasein como un ente entre otros y no en su peculiaridad ontológica: la de un ente que se pregunta por el ser. El deslinde con la psicología, la antropología y la biología se hace necesario pues permitirá establecer, con mayor precisión y de forma más persuasiva, el tema de investigación propio de la analítica existencial.

La analítica del Dasein, frente a estas disciplinas, tendrá como tarea principal la de mostrar de forma evidente el hecho de que si se parte de un “yo” o “sujeto”, sin una previa determinación ontológica de su ser, se cae en el equívoco de cuál es “el contenido fenoménico del Dasein” (pág. 71). La idea de un “sujeto” inmediatamente dado es para Heidegger lo que impide a estas indagaciones científicas llegar al Dasein y, consecuencia, este se convierte en un ente cosificado que no se muestra en su ser. Esta es la razón por la que el empleo de los términos “sujeto”, “alma”, “espíritu”, “conciencia” por parte de estas disciplinas nos llevan “a una curiosa no necesidad de preguntar por el ser así designado” (pág. 71). La determinación de emplear el término Dasein para designar a este ente que somos nosotros mismos obedece a que ella no nos impide obviar su procedencia ontológica, su ser constituyente.

Si bien las tendencias científicas y filosóficas que apuntan al Dasein han equivocado el modo de abordarlo, por iniciar históricamente desde el cogito sum descubierto por Descartes e ignorar al igual que éste la tarea de dilucidar el sum como medio para comprender el modo de ser del cogito, no significa que no se encuentren en ellas, de forma implícita, una comprensión de este ente. Es así que las  corrientes orientadas a formular una antropología filosófica —piénsese en el “personalismo” de Bergson y Dilthey— se hayan encaminado hacia la pregunta por la “vida” o a una interpretación fenomenológica de la personalidad que rechaza al hombre reducido a un ser substancial o cósico (un objeto natural). Si bien estas aproximaciones resultar ser las más diáfanas y radicales no alcanzan a llegar a la pregunta por el ser pues, como en el caso de Scheler y Husserl, no logran determinar positivamente “el modo de ser de la persona” (pág. 73) cuando se revela que su unidad exige una constitución diferente a los demás objetos o cosas naturales. La unidad del hombre no puede ser concebido como la suma del cuerpo, alma y espíritu pues, a pesar de ser dominios fenoménicos de determinadas indagaciones, no llegará tal unidad a comprenderse a cabalidad pues implica que estas partes tengan que ser previamente determinadas con “una idea de ser de ese todo” (pág. 73).

Heidegger considera que lo que ha impedido que nos dirijamos a la pregunta por el ser del Dasein han sido los insuficientes fundamentos ontológicos de la antropología tradicional (antiguo-cristiana) que no han sido considerados por las corrientes antropológicas modernas. Por un lado, la antropología antigua nos ha legado la definición del hombre como “animal racional”, donde este modo de ser es comprendido como un estar-ahí y oculta, por tanto, la existencia del hombre como el modo de ser propio de este ente. Por otro lado, la antropología teológica cristiana determina la esencia del hombre a partir de la interpretación que tiene de él como ser semejante a Dios, imagen divina cuya similitud revela que es próximo a Él. Esta idea de la “trascendencia” del hombre, producto de la dogmática cristiana, no ha convertido al hombre, concebido aquí como el ser más inteligente y que tiende más allá de sí mismo, y su ser propio en una cuestión ontológica.

Para el autor de Ser y tiempo, la antigua y moderna antropología filosófica no han ido “más allá de la determinación esencial de este ente llamado hombre” (pág. 74) pues la pregunta por el ser ha caído en el olvido. El ser de este ente se ha asumido como algo “obvio” o “evidente” y, en consecuencia, sus distintos modos de ser no son más que las formas del estar-ahí: propiedades de un ente reducido a una mera presencia sin el carácter tempóreo que lo lleve a existir.


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* En el presente resumen se usará de forma indistinta los términos Dasein y “ahí del ser”, siendo ésta última la traducción más cercana a la palabra empleada por Heidegger en alemán. Existen diversas traducciones en español para este vocablo central del libro Ser y tiempo: “estar en algo” (Zubiri), “realidad-de-verdad” (García Bacca), “el humano estar” (Laín Entralgo) “el estar” (Sacristán Luzón), “Ser ahí” (José Gaos).

** Hemos visto que el Dasein, movido por la pre comprensión que posee del ser, se muestra como “el que pregunta” y, de igual forma, como “el que es interrogado”, al estar determinado por el ser y, por tanto, poseer una relación especial con éste.


FUENTE: Martin Heidegger. Ser y tiempo. Trad. de Jorge Eduardo Rivera. Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 2002.