domingo, 11 de octubre de 2015

II CONGRESO DE FILOSOFÍA AUGUSTO SALAZAR BONDY




Los días miércoles 4 y jueves 5 de noviembre, de 4 a 8 p.m., la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima) será sede del II Congreso de Filosofía en homenaje al filósofo Augusto Salazar Bondy, al conmemorarse 90 años de su nacimiento.
El evento, que es organizado por el Centro Estudiantil de Investigación de Filosofía Pedro Zulen y la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, también se realizará en dicha facultad el viernes 6 de noviembre.  El ingreso es libre.
Como parte del congreso, el miércoles 4 de noviembre, a las 6 p.m., se inaugurará en la Sala del Autor de la Casa de la Literatura Peruana una exposición bibliográfica y fotográfica acerca de la vida y obra de Augusto Salazar Bondy.
Augusto Salazar Bondy (1925 – 1974) fue un educador y filósofo peruano que dedicó su reflexión a temas como la cultura, la educación, la dominación y la liberación. Fue militante del Movimiento Social Progresista y miembro fundador del Instituto de Estudios Peruanos. En 1970 fue nombrado vicepresidente de la Comisión de la Reforma de la Educación, que preparó la Ley General de Educación, aprobada en 1972. Entre sus obras se cuentan Entre Escila y Caribdis, Historia de las ideas en el Perú contemporáneo ¿Existe una filosofía en nuestra América?



La enseñanza de la filosofía y sus posibilidades metodológicas en la obra de Augusto Salazar Bondy.


SUMILLA

La presente ponencia versará sobre la metodología que propone Augusto Salazar Bondy para cumplir los fines de una genuina enseñanza de la filosofía. Se intentará dilucidar el grado de coherencia que existe cuando el filósofo, partiendo de una concepción valorativa acerca de la educación y la filosofía, señala las características centrales de una verdadera enseñanza de la filosofía y de una didáctica que la lleva cabo dentro del salón de clases. La didáctica de la filosofía en Salazar Bondy debe hacer frente a una serie de retos —como la de asumir que la educación conlleva un proceso de socialización y que la filosofía es una invocación al pensamiento auténtico— que, al ser salvados, nos permitirá afirmar que la metodología que propone nuestro autor transparenta de forma cabal sus ideas sobre lo que es la enseñanza de la filosofía y la formación del hombre nuevo.  

Álex Romero Meza   


viernes, 7 de agosto de 2015

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA: El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia.






Alberto Vásquez Tasayco
El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia.
Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2012; 182 pp.


Pero aunque hayamos llegado muy lejos en el sentido de la abstracción,
quizá tengamos que llegar más lejos todavía.
Bertrand Russell
El ABC de la relatividad

Para luchar contra la abstracción
es preciso parecérsele un poco.
Albert Camus
La peste

El libro del profesor Alberto Vásquez Tasayco es, de por sí, uno de los aportes más significativos que se han hecho en los últimos años en el terreno, muchas veces abstruso, de la llamada filosofía de la ciencia o epistemología. Las razones para apoyar lo dicho son muchas, pero rescataría, principalmente, el intento fructífero del autor por sistematizar los aportes de la epistemología y la historia de la ciencia, para que el lector llegue a comprender las distintas aristas de la scientia, como también resaltar las múltiples relaciones que presenta este corpus (lógico, teórico, empírico) con otros sistemas de conocimiento. Otra razón —y en esto surge la reminiscencia y parangón con el famoso libro de Bertrand Russell, El ABC de la Relatividad— es el afán de señalar con claridad todas consecuencias filosóficas del análisis realizado. Como afirma el autor en la Introducción: “El análisis de la ciencia a partir de las teorías científicas es propuesto como una auténtica actividad filosófica; desde esta perspectiva, la filosofía se limita a la Epistemología” (Pág. 23).

El libro de Vásquez Tasayco comienza con una extensa cita de Francisco Miró Quesada acerca del concepto de ratio (razón) que servirá al autor de reto y a la vez de guía sobre lo que se puede alcanzar con la filosofía en general y con la reflexión epistemológica en particular. Dicha cita resalta la capacidad del hombre para resolver problemas (teóricos o prácticos) de forma autónoma, recurriendo a su propia capacidad (razón). El hombre a través de esta capacidad descubre, en sí mismo, principios y reglas de cómo funciona el mundo que trasciende su propia conciencia como la de los demás. Miró Quesada resalta aquí la función crítica de la razón que lleva al hombre a no tener seguridad sobre los principios y reglas que, en primera instancia, ha encontrado y que a la vez lo impulsa a buscar otros principios ya que estos “son criticables y dejan de tener validez en una época posterior” (pág. 13). La cita del autor cierra con una pregunta abierta: ¿el hombre puede tener fe en la racionalidad, tomando en cuenta que dicha capacidad lo lleva a reconocer principios y reglas distintos, cuya validez es criticable por estar sometida a la variable del tiempo y a la experiencia de los individuos? Resulta importante la pregunta pues Vásquez Tasayco daría una respuesta afirmativa y quiere que el lector desemboque en la misma conclusión al conocer el panorama actual de la epistemología y su contribución en el análisis de la ciencia.

En el primer capítulo (“La epistemología y sus problemas”), el autor parte de una definición etimológica de la Epistemología que la concibe como una rama de la filosofía que estudia la episteme, es decir, “el conocimiento científico construido y de nivel abstracto” (pág. 27). Luego de esto pasa a enfatizar, con acierto, que la epistemología va a ir cambiando cambiando con el avance de la ciencia: la Epistemología moderna ya no reflexiona sobre la ciencia clásica sino sobre una ciencia que ha cambiado sus fundamentos, se ha ramificado y propone teorías mucho más consistentes a las de la antigüedad. De dicha definición pasa a otras de corte conceptual donde el autor pasa revista a la definición neopositivista que da el Círculo de Viena (la concepción heredada inicial y final) como a otras de corte hermenéutico (la concepción histórico-crítica de Piaget, por ejemplo). Al final del capítulo, Vásquez Tasayco presenta de forma sucinta los diversos aportes que los filósofos peruanos (Miró Quesada, Sanz, Piscoya, etc.) han ofrecido al desarrollo de esta disciplina en el país. El capítulo cierra también con los principales problemas de la ciencia contemporánea que la epistemología debe abordar en su objetivo de axiomatizar las teorías científicas: Causalidad, Inducción, Relatividad e Incertidumbre. En el último punto (la incertidumbre), el autor realiza una defensa de la validez de la investigación científica y sus resultados pues, si bien es cierto que al generalizar el conocimiento se produce incertidumbre, ello no quiere decir que tal conocimiento incierto sea falso sino en todo caso probable.

En el segundo capítulo, se estudian diversos sistemas de conocimiento partiendo del hecho de que el hombre ha buscado cumplir una función que le es propia: conocer lo que hay dentro y fuera de sí. El autor, siguiendo a Nagel, presenta diferentes niveles de conocimiento como son el sistema de conocimiento religioso, moral, técnico, artístico, filosófico, resaltando a este último porque sería la filosofía la encargada de pensar la ciencia y otorgarle un sentido desde nuestra condición humana. En la segunda parte, se realiza el análisis de la ciencia concibiéndola como un sistema de conocimientos que se obtienen a través de la razón. Dicho análisis se puede hacer desde el punto de vista logicista o historicista con lo que la ciencia se puede entender también como una actitud y un método (Dewey) o una institución social (Kuhn), etc. El autor cierra el segundo capítulo con una definición interesante —y polémica— de lo que es la ciencia y que nos hace recordar la idea de Miró Quesada de la ciencia como razón más contexto:

“Es un sistema semi cerrado de proposiciones verdaderas (verdades relativas y probabilísticas) acerca de la realidad, obtenidas a partir de un marco conceptual (cognitivo y valorativo) y un sistema de métodos, diseños y herramientas que producen explicaciones integrales (teorías), válidas para un contexto socio-histórico determinado.” (Pág. 79)

Siguiendo con el análisis que realiza el autor de la ciencia, tenemos el capítulo tres (“La ciencia como proceso”) donde se enfatiza que la ciencia es ante todo un sistema de conocimientos provisionales en un permanente proceso de comprobación y cambio. Investigar sobre el proceso de la ciencia significa conocer el proceso de construcción de conocimientos a partir de determinados métodos y la definición de los conceptos. Según el autor, los métodos se clasifican en lógicos e históricos donde método asume un significado laxo y otro restringido: es el camino que conduce a un fin, pero también “es el conjunto de procedimientos racionalmente elaborados, en los marcos del tiempo, espacio, teoría y valores, a seguir para la obtención de una meta u objetivo” (Pág. 85). El libro de Vásquez Tasayco ilustra claramente el hecho de que el proceso de aplicación de un método es el proceso de la investigación científica en el que tal método se inserta en un marco conceptual determinado, posee determinadas condiciones en las que opera y establece las relaciones externas en los contextos en los que se aplica. El uso de los métodos científicos conlleva a elegir, por ejemplo, instrumentos de medición como de recolección de datos lo que determina a su vez la forma de tratar y explicar cierto sector de la realidad. Podríamos decir que el método es un filtro teórico que posibilita mirar la realidad de una forma por el marco teórico que posee y que intenta tener una relación directa con el tipo de fenómeno a explicar. El autor aborda los tipos de métodos (de recojo de datos, de validación de datos) y presentan un esquema de la evolución de los métodos en el transcurso de los siglos desde la antigüedad (deductivo) hasta la modernidad (inducción y experimentación expresados en un lenguaje matemático, hipotético-deductivo, etc.), Un punto vital de este capítulo es el llamado “enseñanza –aprendizaje del método de investigación” en el que el autor plantea la pregunta: ¿se puede enseñar a investigar o no se puede enseñar a investigar? La respuesta es afirmativa pero enfatizando en el hecho de que dicho aprendizaje no se reduce a conocer una metodología de la investigación científica sino ante todo a comprender la naturaleza del producto científico, la función de sus técnicas y procedimientos como de las condiciones en las que se realiza la investigación. El aprendizaje de la investigación conlleva para Vásquez Tasayco a desarrollar tres capacidades: el análisis científico de la propia experiencia, el talento (para la resolución de problemas, planteamiento de hipótesis y toma de decisiones) y la inspiración creadora para llevar a la ciencia por caminos insospechados donde el producto que se obtenga sea nuevo y mejorado. Como cierre, el autor explica las dimensiones de la investigación (producto, acciones, y condiciones de investigación) y, citando para ello a Mario Bunge, indica cuál es el método general en el proceso de la ciencia, enfatizando en el paso de realizar deducciones “porque muestra la capacidad del investigador para extraer conocimientos nuevos” (Pág. 98).

El capítulo cuatro es complementario al anterior pues busca analizar los conocimientos producidos por la investigación científica: teorías, leyes y conceptos (teóricos y observacionales). Para el autor, los conocimientos científicos se organizan de forma jerárquica y su misma interrelación le otorga sentido a cada uno. Es el caso del concepto que lo define como “la unidad mínima de significación en la ciencia” (Pág. 105) pues permite la construcción de proposiciones que, a través de nexos lógicos, pueden llegar a tener la categoría de leyes (primarias o secundarias). Los conceptos, dice el autor, permite la formación y desarrollo del conocimiento. Al declarar su importancia, Vásquez Tasayco pasa a analizar sus dimensiones (universal / singular), propiedades (extensión / intensión), tipos (simples / compuestos). El autor pasa también a estudiar las leyes científicas y lo primero que señala es que estas son proposiciones que describen una regularidad de la naturaleza y poseen determinadas características: sintéticas, necesarias y a posteriori. Luego de esto, al señalar la formulación lingüística de la ley científica, nos muestra una gama de leyes que cumplen las características señaladas (leyes de Mendel, Kepler, Newton, etc.). Después de señalar los tipos de leyes, se presentan las diversas aristas de lo que es una teoría científica pues ella “alude al manejo de conceptos y con ello a construcción de proposiciones” (Pág. 125). Las teorías, indica el autor, para ser tales deben cumplir algunos requisitos de orden sintáctico, semántico, epistemológico, metodológico y filosófico. Después de esto pasa a analizar la estructura de las teorías científicas (ley principal / ley secundaria / proposiciones analógicas / proposiciones singulares) y presentar los enfoques que se tiene de ellas: la enunciativa y la estructuralista.

En el penúltimo capítulo (“Desarrollo de la ciencia”), presenta los dos principales momentos en el desarrollo histórico de la ciencia: La ciencia clásica antigua y la ciencia moderna. En el caso de la primera, señala el autor, ella se caracterizó por estar orientada filosóficamente pues fue la filosofía antigua la que pensó la ciencia según los métodos que debía emplear (la deducción) como los conocimientos que debía conseguir (verdaderos, categóricos, universales, etc.) y también el nivel de análisis que debía realizar (predominantemente teórico). La segunda etapa en el desarrollo de la ciencia, privilegia los hechos, asume el método inductivo, realiza experimentos y hace uso de instrumentos y sistemas de medición como también del lenguaje simbólico propio de lógica y la matemática. Para el autor, el tránsito de una ciencia a otra se dio por una revolución científica en el siglo XVII que estuvo marcada por un cambio en la concepción del universo y la geometrización del espacio. La ciencia moderna, afirma Vásquez Tasayco, significó un cambio de actitud: se debe investigar teniendo en cuenta lo necesario (Principio de la navaja de Occam) con el fin de llegar no a la “verdad” sino al conocimiento verdadero dentro de una disciplina en particular. De igual modo, ya no se puede partir de “verdades absolutas” pues la actitud científica es una actitud crítica en la que se admite el hecho de que sólo puede formular “verdades relativas” dado que podemos formular postulados mas no axiomas, es decir, probabilidades o hipótesis acerca de la realidad: es la nueva concepción de conocimiento científico, dice el autor, donde este conocimiento se encuentra sujeto a contextos específicos y por tanto su ámbito de validez es más reducido (Pág. 142). Aquí Vásquez Tasayco, después de señalar la necesidad de estudiar la historia de la ciencia, presenta las dos formas de análisis de la ciencia según sus aspectos internos o externos. El análisis interno conllevaría a una reconstrucción racional de la ciencia desde cuatro sistemas explicativos: inductivistas, convencionalistas, falsacionistas y la tesis de los programas de investigación científica. El análisis externo se remiten a los factores (sociales, políticos, psicológicos, ideológicos, etc.) que puede motivar y orientar la investigación. La ciencia, como diría Kuhn, es una actividad social que parte y se mantiene por una serie de compromisos dentro de una comunidad científica. Como cierre de este capítulo, el autor aborda los distintas formas de concebir el desarrollo de la ciencia: “de teoría en teoría”, es decir, pasar de una teoría a otra que posea mayor poder explicativo y que pueda ser verificable (concepción neopositivista) o falsable (concepción popperiana); “de paradigma en paradigma” (Thomas Kuhn), es decir, que, en el seno de una comunidad científica, se produce un cambio total de compromisos en el ejercicio de la ciencia normal (Revolución científica) debido a la adopción de una nueva “matriz disciplinar”; “de programa de investigación científica a programa de investigación científica” (Imre Lakatos) en la que se formulan versiones refutables de un programa de investigación a partir del trabajo empírico (experimentación) y la elaboración de hipótesis creativas sobre determinadas anomalías —a partir de la heurística positiva del programa— lo que redunda en el perfeccionamiento, regeneración o reestructuración de la teoría.

En el último capítulo (“Ciencia y tecnología”), el autor señala la imbricación y dependencia de ambas a partir de la naturaleza misma del hombre pues en él reside la integración de conocimientos, actitudes, voliciones, etc. La relación directa de la ciencia —cúspide de la racionalidad occidental— con la técnica y la tecnología se debe a que el hombre es sujeto de decisión y acción, es capaz de pensar y hacer. Si bien existe un vínculo estrecho entre la ciencia y la tecnología, esto no garantiza que, al compararlas, encontremos sólo semejanzas mas no diferencias. Todo lo contrario. Vásquez Tasayco indica que

“La ciencia inicia con los hechos, la tecnología con las teorías o explicación de los hechos; la ciencia desarrolla explicaciones en busca de la verdad (probabilidad o confirmación), la tecnología busca la calidad de sus procesos y productos (eficiencia y eficacia= efectividad); la ciencia se guía por la racionalidad científica, la tecnología se guía por la racionalidad tecnológica instrumental (toma el conocimiento como medio); la ciencia se construye con el lenguaje proposicional, la tecnología se construye con el lenguaje normativo; la ciencia tiene como producto máximo las teorías científicas (sirven para explicar), la tecnología tiene como producto los sistemas, instrumentos y maquinarias (sirven para operar, para hacer); la ciencia desarrolla por exigencia de conocer la realidad, modernamente para transformarla o dominarla; la tecnología desarrolla por exigencia de la demanda de diversa índole: de supervivencia, de control y de dominio político y militar real. En la ciencia hay, prioritariamente, un interés académico; en la tecnología hay, prioritariamente, un interés económico. La ciencia se presenta en lenguaje verbal o simbólico abstracto, que señala relaciones profundas en la realidad; la tecnología se presenta en el lenguaje de la imagen, privilegiando la percepción y generando una cultura de apariencias. La ciencia nos presenta la imagen de un mundo cercano a lo real y natural; la tecnología nos presenta la imagen de un mundo virtual, artificial y hasta artificioso con la finalidad, sobre todo, de diversión, alejado, muchas veces, del mundo natural.” (Pág. 157-158)

Señala el autor que el Homo faber ha ido complejizando su acción, tanto en términos de cantidad como de calidad, por las necesidades que ostenta en el transcurso del tiempo. Él va conformando sistemas de acciones con el fin de transformar los objetos concretos y obtener así un resultado valioso. Estos sistemas intencionales de acciones, de carácter normativo y que constituyen grandes guías de acción, se llamará lo técnico. Desarrollando el capítulo, Vásquez Tasayco establece algunos distingos interesantes entre la tecnología y ciencia aplicada, tecnología con artesanía, tecnología con ingeniería. La tecnología se define como una forma de conocimiento que tiene como objetivo diseñar y poner a prueba sistema o procesos con la ayuda del conocimiento científico. Advierte el autor con razón que la tecnología —cuya importancia es mucho mayor a la ciencia en la sociedad actual— no solo depende de la ciencia en la obtención de sus productos sino que su materialización implica capital (especialistas, insumos, maquinarias, infraestructura, etc.), decir, la tecnología tiene una variable económica que, en todos los casos, resulta indispensable y le da forma al proceso y producto tecnológico. Este interesante capítulo cierra con una presentación sucinta de lo que se ha llamado “filosofía de la tecnología” que conlleva una ontología, una epistemología y una axiología de la tecnología. Los problemas que encierra la tecnología para el hombre de hoy son muchas, nos dice el autor. Ella está ligada a intereses  económicos, sociales, políticos, a una racionalidad instrumental y una ideología con el fin de mantener determinadas relaciones de poder. El hombre con su trabajo tecnologizado es partícipe del desplazamiento de lo natural por lo artificial y resulta inconsciente del hecho de que, al consumir tecnología, también consume determinados valores que lo deshumanizan. Nos dice Vásquez Tasayco, finalizando el capítulo, que los problemas que aborda la filosofía de la tecnología son diversos y necesarios, y entre ella se encuentra el de la (supuesta) neutralidad de la tecnología.

He intentado resumir los diversos aportes que ofrece Vásquez Tasayco al análisis de la ciencia con el fin de demostrar que este abecé tiene todas las virtudes para convertirse en un opus introductorio y panorámico de lo que es la Epistemología en el mundo de hoy. Este tratado, como también señala Raymundo Casas, posee diversas cualidades —fuerza lógica, exhaustividad, simplicidad— que permiten al lector ser llevado de la mano para que pueda comprender la ciencia a cierta profundidad, sin ambages ni agregados superfluos.

En este texto hay algo que trasunta a lo largo de sus páginas y es la vocación del autor por valorar aquella reflexión y análisis epistemológico que se sustente en el trabajo científico real, en aquellos enfoques que no soslayan la historia de la ciencia pues esta ha revelado muchas veces que el desarrollo científico y sus productos ha partido de la creatividad y talento de los hombres de ciencia, la formulación de hipótesis innovadoras y la experimentación constante. Resulta revelador sobre este punto la cercanía del autor a la propuesta de Lakatos que a la de Popper pues este último asume una actitud prescriptiva antes que descriptiva de cómo se logra el conocimiento científico cuando alguien, familiarizado realmente con la investigación científica empírica, indicaría que es al revés.  

Para finalizar con esta breve presentación, habré de señalar que la reseña a este libro El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia tiene como encabezado dos epígrafes que, a mi entender, revelan lo que hemos dicho hasta ahora. La primera es la de Russell que nos habla del sentido de la abstracción y la necesidad de ir más lejos con ella. Aquí la abstracción no es la negación de realidad sino la profundización de la misma, es ir más allá del sentido común y conocer los fundamentos de lo real. Considero que tales ideas son afines a las de nuestra autor pues su interés es la de reflexionar en un metalenguaje el sistema de la ciencia y los problemas que encierra la práctica científica. Todo esto con el objetivo de enriquecer una auténtica metodología de la investigación científica en aquellos que se animen a seguir los senderos de la ciencia. La segunda cita es la del premio Nobel Albert Camus que hay que luchar con aquella abstracción vana, ajena a lo real que no redunda a favor de nuestra praxis sino que muchas veces falsea nuestra conciencia del mundo. Vásquez Tasayco hace abstracción de la ciencia pero sin ignorar el hecho de que es una actividad humana ligada a necesidades e intereses diversos, ligada a la práctica disciplinar de los científicos quienes buscan, a través de la observación y experimentación, aquel contenido empírico que diferencia a la ciencia de cualquier tipo de especulación (esto último es la lección del maestro Sanz). La ciencia es razón más contexto y ambas interactúan dialécticamente. La reflexión acerca de la ciencia no debe ignorar esto y Vásquez Tasayco no lo hace, de ahí lo valioso de este libro.


Álex Romero Meza



martes, 27 de mayo de 2014

PSICOLOGÍA NEGATIVA / Cuento



Álex Romero Meza
Nunca nadie me ha llamado loco…, y no tienen por qué hacerlo, pues, en estos treinta y dos años, mi vida ha transcurrido en lo que la mayoría llama una “vida normal”. No he sido hombre víctima de los comentarios de balcón ni he ido más allá de los deseos propios de mi época, soy, como diría algún alma entendida, producto de una sociedad que me hace consultar dos veces con el dentista y habitante de una ciudad que me conduce a través de veredas y plazas a cualquier parte que desee, siempre y cuando aparezca en un mapa de avenidas y calles.
No diré mi nombre pues no lo considero necesario. No es mi propósito hacer de esto una biografía, aunque sea un excelente material de estudio para conocer el alma de un hombre, sino el de entregar un testimonio; y si algo debo apuntar aquí es la profesión que llevo y que me hace ser mi propio objeto de estudio: la psicología.
Siempre, desde que tengo memoria y sobre todo desde que ingresé a la universidad, he sido mi propio objeto de análisis. Los compañeros de mi Facultad criticaban mi inclinación por esa tradicional psicología negativa (que se centra únicamente en las alteraciones mentales y no en las distintas manifestaciones de la psique humana como la alegría, el optimismo, etc.), pero ¿acaso la ciencia no ha surgido a partir de enfermedades y necesidades de todo tipo? Siempre me han gustado los casos de esquizofrenia y creo que nunca me podré desligar de sus estudios. Valoro también lo otro —soy un hombre de criterio— pero creo que el desarrollo de la psicología positiva es labor propia de almas sencillas y nobles, de autores de best séller, o terapeutas de televisión.
Me he dedicado al estudio de la esquizofrenia desde hace muchos años y, aunque el profundizar en estos temas me ha hecho descuidar mi entorno y vivir en soledad, me ha llenado de muchas satisfacciones y de metas, sobre todo en los descubrimientos neurológicos y la importancia social que tiene esta enfermedad. Sería demasiado comentar cada uno de ellos pero no podría dejar de mencionar que los síntomas generales de la psicosis, aquellos que espantan a la mayoría y que trae como consecuencia la reclusión de un pobre hombre en el manicomio, acercan más al genio y al demente que a cualquier hombre considerado “ecuánime”  y “pleno” en sus facultades físicas y mentales.
La fascinación con la que me consagrado a mi trabajo, mis estudios nocturnos y mi afán de auto análisis en estos casos extremos, han traído una serie de consecuencias en mi vida, y tal vez sea la razón principal por la que esté escribiendo estas líneas. No podría recordar la fecha de aparición de cada uno de mis síntomas, pero la transferencia que he recibido de mis pacientes en tratamiento es inobjetable. Mis sueños refieren exclusivamente a la alucinación de mis pacientes y sin embargo no he podido desprenderme de mi investigación, he procurado descansar pero la urgencia del trabajo no me ha permitido otra cosa más que seguir. Inexplicablemente, estos problemas fueron disminuyendo —permitiéndome continuar con mayor confianza—  hasta el 29 de diciembre pero resurgieron de modo traumático el 28 de enero.
No seré acucioso en los detalles por lo breve que debe ser cualquier informe de hospital  (muchas descripciones se pueden ahorrar utilizando sólo terminología médica).
Una noche me encontraba sentado en el escritorio de mi habitación cuando vi pasar la figura de algo horrendo. Era una criatura enorme y de largos cuernos que me miraban desde el otro extremo de la habitación; su rostro era indefinible y, aunque resultaba grotesco e imposible a la vista, tuve la impresión de que se parecía a mí. Sé que esa imagen (¿la mía?) era producto de una mente fatigada por el excesivo trabajo y la falta de sueño pero, aunque esto vaya en mi contra en la declaración oficial y especializada de mi estado, ¡era tan real!
Siempre pensé que la mente era capaz de crear demonios extraños, y el mío ahora estaba frente a mí, en el umbral de la puerta, en mi habitación, a unos pasos de mi escritorio. Yo sé que todo eso no es real, me agarro la cabeza insistiendo que es así, intento moverme de la cama pero no puedo hacerlo, la figura de ese demonio que aparece y desaparece por momentos, en los matices claros y obscuros de la ventana, a su libre albedrío.
Sé que todo eso rebasaba los límites de la normalidad, aún para mí que cuestiono esa idea con vehemencia, pero la imagen persistía, en los momentos de sosiego y tranquilidad de mis estudios, en los pasadizos del hospital, en cualquier árbol que se moviera con el viento. Consulté con el único amigo que podría confiarle estas cosas, me escuchó con tranquilidad y, profesionalmente, con la misma actitud segura con la que yo trato a mis pacientes, me pidió que no perdiera la calma, que lo sucedido era producto del estrés y la ansiedad por los casos que atendía, e insistió que tomara un descanso fuera de la ciudad. 
El cambiar de ambiente y sobretodo el compartir una vida común con alguien tan cercano a mí me hizo mucho bien los primeros meses. Mi madre me levantaba a las ocho y me daba a tomar un delicioso néctar que ella misma preparaba, el mismo que tomaba cuando era pequeño, y me apresuraba a que saliera a darme una ducha y fuera a caminar por los distintos lugares del pequeño e inolvidable poblado de B***
Mi amigo, a pesar de sus múltiples ocupaciones, no me olvidó y vino a verme semanas después. Analizó mi estado con detenimiento y me dijo que daba índices de mejoría, sin embargo, e inmediatamente después de que se despidiera de nosotros, caí en un cuadro de crisis nerviosa que me arrastró a la cama. Mi madre estaba preocupada y me explicó que posiblemente el hecho de que haya recordado todos mis síntomas en esa breve visita me condujo a tal estado. Dormí unas horas en mi habitación. No sé lo que pasó en esas horas (el pedazo de papel que me dieron se está acabando) dormía tranquilamente y sin ningún sueño, pero desperté de improviso arrastrado por una fuerza interna y escuché un grito, ¡era mi madre! Corrí alocadamente por la escalera y llegué a la cocina, en el mismo momento en que el demonio la atacaba, ella cayó de un desmayo, desesperado me abalancé sobre él y luchamos.
Perdí el conocimiento.
Lo que sucedió después de eso no lo recuerdo, me enteré que mi madre había muerto y que yo iba a un hospital de enfermos mentales acusado de asesinato; he estado amarrado por algunas semanas pero ya me soltaron las muñecas.

Escribiré más cuando me den otro papel…
Lima, 07 de marzo del 2006

lunes, 27 de enero de 2014

La pregunta por la técnica / Martín Heidegger




Alex Romero M.

La pregunta por la técnica de Martín Heidegger es un texto que se propone preguntar por la esencia de la técnica, es decir, abrirnos un camino del pensar con el fin de experimentar cuál es nuestra relación con la esencia de la técnica y  lo que corresponde a su delimitación. Lo primero que nos advierte Heidegger es que debemos evitar confundir la técnica con la esencia de la técnica pues esta última “no es, en absoluto, algo técnico” (pág. 113). La esencia de la técnica es algo que recorre a ésta pero no es la técnica misma. Considerarla algo neutro significa entregarnos a ella sin saber exactamente lo que es. El autor, antes de recorrer esa pregunta e impulsándose con ella, aborda la concepción corriente de la técnica que la entiende como un medio para un fin y un hacer del hombre (la determinación instrumental y antropológica de la técnica). Ambas ideas se copertenecen por lo que la técnica para ambas sería una totalidad de dispositivos (incluida en ella estarían el acto de elaborar y utilizar instrumentos, como las necesidades y fines que sirven, etc.). La determinación instrumental de la técnica es correcta pues orienta todos los esfuerzos para que el hombre llegue a tener una relación positiva con ella, asumiéndola como un medio y que llegue a dominarla plenamente, y así no se convierta en una amenaza que termine por dominar al hombre.  Heidegger nos advierte que, si bien es correcta esta concepción —instrumental y antropológica—, ella no nos lleva a desocultar la esencia de la técnica, es decir, llegar a su verdad (“Sólo allí donde acontece tal desocultar, acontece lo verdadero”). Con el fin de llegar a lo verdadero de la técnica, debemos buscarlo por medio de lo que es correcto en ella, sabiendo de antemano que este último “no es aún lo verdadero” (Pág. 115). Para esto, Heidegger debe preguntar por lo que significa lo instrumental y a qué ámbito pertenecen términos tales como medio y fin. La concepción de la técnica como medio, esto es, “aquello que por medio de lo cual algo es hecho y, así, obtenido”, concebido también este medio como lo “que tiene por consecuencia un efecto”, es decir, una causa (además de que los fines puede ser entendidos también como causas pues en vista a ellas se aplican medios), reafirma la idea de que en lo instrumental domina la causalidad. Es necesario por ello retraer los instrumental a su cuádruple causalidad.

La importancia de preguntar sobre la causalidad de lo instrumental reside en el hecho de que ambas quedarán sin fundamento, manteniéndose en la oscuridad y, con ello, la determinación corriente de la técnica que es un primer camino —el meramente “correcto”— para llegar a la esencia de la técnica. Lo primero que revisa Heidegger es la idea tradicional, que viene con Aristóteles, de concebir la causa como actuar o efectuar, lo que produce resultados. Sin embargo, el autor revela que el significado etimológico de causa, cadere, caer (que se debe entender como “aquello que hace que en los resultados, algo resulte de una manera u otra”) guarda una relación  con actuar pero eso no se asume así en el mundo griego. Lo que llamamos causa era entendido en el pensamiento griego como “lo que es responsable de algo”. Las cuatro causas de Aristóteles son en realidad cuatro modos de ser responsable-de que llevan al estar puesto y al estar preparado de un útil, es decir, lo traen a aparecer: le permiten pro-venir a la presencia, avanzar hacia la llegada. La esencia de la causalidad pensada por los griegos es el “dar-lugar-a” pues el ser-responsable-de lleva a ella en el sentido del permitir-avanzar. Es el dejar venir lo todavía no presente a la presencia. Para Heidegger, el ámbito donde se dan estos cuatro modos del dar-lugar-a, es traer haciendo aparecer lo presente, es, según lo afirmado por Platón, pro-ducir.

Los modos del dar-lugar-a se dan dentro del pro-ducir donde el dar-lugar-a atañe a la presencia de lo que aparece en el pro-ducir. Éste acontece cuando llega lo velado a lo desvelado, es decir, se mueve y reposa en el desocultar. El desocultar es lo que nosotros llamamos verdad y el análisis revela que el “desocultarse se funda en el pro-ducir” (pág. 120). Los cuatro modos del dar-lugar-a (la causalidad) se reúnen en el pro-ducir, por lo que fin y medio le pertenecen, esto es, lo instrumental. El pro-ducir es lo que encontramos al preguntarnos por la técnica concebida como medio, siendo este producir un modo del desocultar. La técnica es una de las formas del desocultar, el ámbito de la esencia de la técnica es el desocultamiento (verdad). La constatación de la técnica como pro-ducir nos lleva considerar que, etimológicamente, también es un “hacer” no sólo en el plano de la artesanía sino además en el ámbito de las bellas artes. De igual modo, hay que considerar a la técnica en cuanto “hacer” es una forma de conocer pues el reconocerse y comprenderse en algo es también una forma de apertura, de desocultamiento. Lo esencial que hay que pensar en el “hacer” de la técnica es que ella, más que aplicar medios, hacer y manipular, se define por ese desocultar, es un modo del desocultar (“Quien construye (…), desoculta lo que hay que pro-ducir según los respectos de los cuatro modo del dar-lugar-a”).

Según Heidegger, el ámbito esencial de la técnica es el desocultar, es decir, la verdad. Sin embargo, cabe preguntarse si tal determinación se cumple la técnica moderna (que lo es en gran medida porque se “interrelaciona” con la ciencia moderna, experimental, natural y exacta) por lo que la pregunta sigue siendo igual y decisiva: qué esencia es la técnica moderna para que ella pueda aplicar la ciencia natural.

Lo que es la técnica moderna es un modo del desocultar pero que no se mueve en un pro-ducir sino en un “provocar” que fuerce a la naturaleza a liberar energías para que puedan ser explotadas y acumuladas. Este provocar se puede entender como un “poner” a la naturaleza, es decir, un exigir en sentido inicial de abrir y exponer pero ambas están subpuestas al otro sentido del exigir: lograr la mayor utilización con el mínimo de esfuerzo. La naturaleza con este provocar se encuentra supeditada a la esencia de la técnica moderna (ejemplo característico es el río Rhin en el que no se ha construido una central hidroeléctrica sino al revés, el río se ha construido-obstruido en la central: la naturaleza es desde la esencia de la central hidroeléctrica). Nos dice el autor que la esencia de la técnica es un desocultar que asume el carácter de un poner en el sentido de un pro-vocar. Ésta descubre las energías ocultas de la naturaleza que son a su vez transformados, acumulados, repartidos y cambiados. Todo esto son modos del desocultar propios de la técnica moderna así como su desocultar propio al mostrar los medios a través de los cuales ella dirige. La esencia de la técnica moderna es un desocultar pro-vocante cuyo desvelamiento es lo establecido, es decir, lo constante, entendida ésta como el modo en que está presente todo lo que se refiere a este desocultar propio de la técnica moderna. El artefacto está desoculto como constante en la medida que se encuentra establecido para cumplir una función determinada de antemano: el avión “está desoculto en la pista de transporte como constante, sólo en  cuanto que él está establecido a asegurar la posibilidad del transporte” (pág. 126). El que realiza este desocultar como poner pro-vocante es el hombre, pero sin que el desvelamiento él mismo lo disponga, pues sólo en la medida en que también esté pro-vocado (y establecido) a pro-vocar las energías de lo natural puede acontecer la esencia de la técnica moderna, es decir, el desocultar establecedor. Según Heidegger, el hombre pertenece originariamente a lo constante porque está pro-vocado y establecido para la esencia de la técnica. Pero, a su vez, el hecho de que el hombre esté pro-vocado más originariamente al establecer lo lleva a que no sea jamás un mero constante. Él participa en el establecer, entendido éste como un desocultar, pero no en el desvelamiento mismo ya que éste no es un hecho humano. El desocultar no acontece en el hombre pues él es llevado en lo desvelado, es decir, se encuentra dentro del desvelamiento que lo impele a desocultar lo presente para corresponder a su llamada, al reclamo de uno de los modos del desocultar. El hombre obedece a un modo del desocultar aunque en verdad esto lo convierte en un ocultador. El autor nos revela que la técnica moderna no es un simple hacer humano, lo que nos lleva a deber “tomar, tal y como se muestra, el pro-vocar que dispone al hombre a tomar lo real como constante. Este pro-vocar reúne al hombre en el establecer. Esto reuniente concentra al hombre a establecer lo real como constante” (pág. 128). Aquello que es una interpretación provocante, que reúne al hombre a establecer el desocultar como constante es lo que Heidegger llama “lo dispuesto”. Este es el nombre “estrambótico” que le dará a la esencia de la técnica moderna.

“Dis-puesto significa lo reunidor de aquel poner, que pone al hombre, esto es, lo provoca, a desocultar lo real en el modo del establecer en cuanto lo constante. Dispuesto significa el modo del desocultar que impera en la esencia de la técnica moderna y qué mismo no es nada técnico.” (pág. 130)


Lo dis-puesto encierra la palabra “poner” que se entiende como pro-vocar pero a su vez este nos lleva a otro “poner” que deja aparecer lo presente en el desvelamiento. Ambos modos del poner (re-poner producente / establecer pro-vocante) están unidos por ser modos del desocultar: “en lo dis-puesto acontece apropiadoramente el desvelamiento, conforme al cual el trabajo de la técnica moderna desoculta lo real como constante”.  El hombre es pro-vocado en la era de la técnica a desocultar que lo vincula a la naturaleza como un almacén de energías. Este comportamiento establecedor del hombre muestra el origen de la ciencia natural, experimental y exacta. Un ejemplo es cómo la física es experimental, no porque en sus investigaciones acerca de la naturaleza emplee instrumentos sino porque ella “pone” teóricamente a la naturaleza como conexión calculable de fuerzas con el fin de averiguar se anunciará y cómo lo hará. La ciencia está al servicio de la técnica moderna donde la teoría física moderna prepara el camino para lo que es la esencia de técnica. Aquella es anunciadora y precursora de lo dis-puesto que es a su vez históricamente muy antiguo. El imperar de lo dis-puesto, entonces, pro-voca a la física moderna a que su ámbito de representación quede inintuido pues se exige el establecimiento de la naturaleza como constante. La física no puede desligarse de la concepción dada por la esencia de la técnica donde la naturaleza se anuncia dentro del cálculo establecible y que sea igualmente establecible como un sistema de informaciones. La idea fundamental de Heidegger en este aspecto es que la esencia de la técnica moderna se encuentra en lo dis-puesto y por ello necesita aplicar la ciencia natural exacta, opuesto completamente a la idea de concebir la técnica moderna como ciencia natural aplicada. 


FUENTE: Heidegger, Martin. “La pregunta por la técnica”. En: Filosofía, ciencia y técnica. Op. cit., p. 113-148.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Sobre la difusión de algunos artículos educativos




He tenido la grata noticia de saber que el portal educativo ACUEDI (Asociación por la cultura y la educación digital) está difundiendo algunos artículos que he publicando en este blog y en una revista especializada en educación.  Aquí mando los enlaces para favorecer el intercambio de opiniones sobre estos temas que, casi como imperativo categórico, debemos poner en agenda una y otra vez.





miércoles, 23 de octubre de 2013

Comedia o Carta de Astaroth






Muchas veces el espíritu miente sobre el alma
Nietzsche

Mirar las calles de la ciudad, los árboles, la gente, los choques de aire sucesivos por un autobús que avanza, la vida contemplativa de mi existencia. Hoy me sumergí en los recuerdos pasados y futuros, aquellos recuerdos pasados que me hacen pensar en un presente que debió ser diferente y los recuerdos futuros que aspiro tener, en un tiempo no muy lejano, y que me hagan olvidar este presente que siento tan ajeno a mí.

No sé por qué estoy pensando en estas cosas y mucho menos estar escribiéndolas, ¿tú lo sabes?

Tal vez se deba a que uno no es lo que escribe y precisamente por esto tenga la esperanza de que el que escribe esto no sea yo. No importa que sea literatura, una carta o un testamento, nosotros no podemos dejar otra cosa que una imagen de nuestro ser, una voluntad que se ve acabada junto al papel donde escribimos.

Hoy hablé contigo Soriam y nunca creí que las mentiras que decía sobre mí las creyeras con tanta facilidad. No sabes cuánto me lastimó eso. No sabes, niña ingenua, que esa, mi “virtud”, es lo que más me afecta, que esa cordura me vuelve loco, que ese sentido común que habla por mí se opone a lo que verdaderamente siento.

No quiero ser injusto, te mentí y lo hice con el deseo de que me desmientas, y no lo hiciste. Mi rudeza es timidez, el temor de no saber cómo tomar tus manos, de cómo dibujar mi afecto en tus manos, (las manos más  pequeñas y finas que he podido ver) para poder así secar tus lágrimas y tu pena. Nunca creí que me doliera tanto la humedad de tus ojos. Nunca creí que yo pudiera llorar así, después de irme, lejos de todos, lejos de esas miradas que también te mortifican.

No sé por qué estoy pensando en estas cosas y mucho menos estar escribiéndolas ¿tú lo sabes?

“Yo estaba entre los que se hallan en suspenso, y me llamó una dama tan santa y tan bella que tuve que
rogarle que me diera sus órdenes.” (La Divina Comedia, Canto II)

Siempre estaré a tu lado, querida Soriam, como Beatriz y Dante (nunca creí que la Beatriz de la Comedia entendiera la amistad como tú la entiendes), como Virgilio y su razón que redime y salva, siempre estaré a tu lado, no importa la distancia y los sueños.

Hoy me voy lejos, a sumergirme en el mundo.

Debo ser pagano antes de conocer la santidad.

Adiós.  

Astaroth



miércoles, 18 de septiembre de 2013

OCTUBRE (cuento)





Mi madre, con sus grandes ojos que me dan paciencia de pradera, me ha pedido que no coma, que deje de crecer porque mi felicidad, en la etapa maravillosa de mi juventud, sólo se puede llamar pequeñez e insignificancia, el no distinguirme. No puedo explicármelo, ¿acaso los padres no son felices de ver a sus hijos jugar con libertad y alegría, saltando y corriendo por los campos, mirando el cielo y la tierra como invitándolos a alegrarse también? ¿Acaso no aspiran a que ellos sean sanos y viriles, digna expresión de la naturaleza amada? No lo entiendo, en verdad que no puedo explicármelo.

Mi abuela, la última matriarca de estos lugares, me ha contado, con ojos nostálgicos de verde azul, del linaje del que provengo, notable por la fuerza de su espíritu, el coraje de su fuerza y su alma. Yo quiero ser digno de tal estirpe. Mi padre lo fue, mi abuelo también, yo no puedo dejar de serlo.

A la luz incierta del crepúsculo, cuando la devoción por mi destino me llena de deseos de vivir, veo a mi madre que se acerca y a mi querida abuela que se aleja haciendo círculos imaginarios en el cielo y la tierra. Me ha rogado nuevamente que no coma, que el metabolismo de mi cuerpo sea mínimo, a pesar de que la sensación de hambre no ha desaparecido en mí.

No lo entiendo y no lo quiero entender.

¿Cómo ignorar los relatos de nuestra raza privilegiada, la certeza de un destino escrito hace mucho tiempo atrás…, la senda de la verdadera dicha? La felicidad sólo puede residir en el despliegue de mi propio ser, en el momento maravilloso en que la potencia vital de mi existencia se manifieste en un acto real en el mundo, en el instante ideal en el que pueda ser lo que ya soy.

Mi espíritu juvenil me impide obedecerla, y como y corro por todos los lugares que me sean posibles y agradables, gozando con la fortaleza de mis músculos y lo delicioso de sentirme envuelto por menuditas gotas de sudor por todo el cuerpo. Mi madre, al verme feliz, se muestra resignada…, y sale a mirar el crepúsculo, tal vez recordando a mi padre, a mi valeroso y fuerte padre que desapareció un día de octubre, el mismo día en que yo nací…

Porque es octubre la fecha indeleble que iba a trazar en nuestras almas un destino común, a pesar de no habernos conocido nunca. Tendría que alejarme, al igual que él, del lugar donde crecí.

Abandoné mi mundo en el vértigo de una vida breve, pero no por propia voluntad.

Aparecí de pronto, como en un sueño, en medio de una gran multitud que me envolvía en un murmullo estremecedor y confuso para mis oídos. Apareció simultáneamente un hombre vestido de vivos colores y adornos dorados que empezó a dar vueltas en torno a mí saludando a la gente.

Luego se acercó y me mostró una brillante y larga espada...

¿Por qué dirán que a nosotros nos obsesiona el color cárdeno de la muerte si ella —en la vida propia y ajena— se insinúa también con otros matices…, desde el blanco celestial hasta un morado de resignación?


***

Terminada la faena, el torero muestra orgulloso la oreja de un hermoso y bravo ejemplar mientras el público lo saluda arrojándole flores y vivas con encendido entusiasmo, dando así por concluida una fecha más a este mes de celebraciones.

Un gran espectáculo en honor a la sagrada imagen del Señor de los Milagros.


Lima, 15 de octubre del 2003

domingo, 28 de julio de 2013

La crítica de Hegel a Kant en el Sistema de la Eticidad y sus consecuencias posteriores


Como parte del Congreso Nacional de Filosofía Reconocimiento justicia y exclusión que se realizará en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos presento una ponencia en la mesa dedicada a la historia de la filosofía. El tema versa sobre la critica inicial de Hegel a Kant desde el punto de vista de la ética. Dicha mesa se presentará el viernes 23 de agosto (15:00) en el auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM. Están todos invitados.





RESUMEN

El presente artículo tiene por finalidad hacer un balance de la importancia del distanciamiento y posterior crítica de Hegel a Kant en sus escritos tempranos, principalmente en el System der Sittlichkeit o el Sistema de la Eticidad (1802). El joven Hegel, seguidor inicial de Kant, se verá marcado por su filosofía especulativa y práctica, y esto se mostrará en su voluntad primigenia de ser un difusor de los postulados kantianos. Sin embargo, este entusiasmo se irá transformando en un distanciamiento, debido a la evolución de su pensamiento como a su contacto con otros autores (Herder, Schiller, Shelling, etc.). Es en este contexto, con el alejamiento del maestro de Königsberg y los desarrollos posteriores de Fichte, que Hegel escribirá el Sistema de la Eticidad. Es por esto que el objetivo que nos trazamos es el de determinar en qué medida este libro es una cancelación/superación de la filosofía kantiana.

Palabras clave: Hegel, eticidad, moral, Kant, razón.

ABSTRAC

This article is intended to balance the importance of detachment and subsequent criticism of Hegel to Kant in his earlier writings, particularly in the System der Sittlichkeit or Ethicity System (1802). The young Hegel, Kant initial follower, will be marked by speculative and practical philosophy, and this is displayed in its primal will be a diffuser and popularizer of Kantian postulates. However, this enthusiasm will be transformed into a distance, because of their contact with others (Herder, Schiller, Schelling, etc.). It is at this distance Königsberg master and later developments of Fichte, Hegel writes that the system of ethics. That's why we set ourselves the objective is to determine to what extent this book is a cancellation / overcoming of Kantian philosophy.

Keywords: Hegel, ethical life, morality, Kant, reason.




Para ver la ponencia completa aquí.