domingo, 13 de diciembre de 2015

LA FINAL DEL MURO (Cuento)*




Atravesó con rapidez las aulas del primer piso y pensó inmediatamente en las escaleras. Aún faltaban cinco minutos para que inicie el recreo y comience a extenderse la noticia por todos los salones. Tenía que darse prisa. Lo que sucedió en el baño de varones al comenzar la mañana pronto sería objeto de ironías y murmuraciones en torno a ella y él, las apuestas —todas desfavorables— correrían de un lado a otro durante el intermedio y el cambio de profesores. No había remedio, el desafío estaba hecho.
Volteó ligeramente la cabeza cuando estaba a punto de bajar las escaleras y pudo ver el reflejo de su rostro en las ventanas del segundo “A”: se vio sudoroso y agitado: “¿cómo reaccionará?”  Los alumnos del segundo “A” seguían con impaciencia la clase de Historia del profesor Rodríguez. La llegada promisoria del recreo generaba una atmósfera de expectativa en el aula que contrastaba con el ambiente de aburrimiento y sopor que envolvía el rostro regordete del profesor. Los alumnos, removiéndose en sus asientos, seguían los movimientos indolentes de aquella figura informe que, indiferente, continuaba mencionando nombres y fechas, y una serie de datos que nadie recordaría después del examen. “Falta poco para el recreo”, pensó.
Bajó de tres en tres las escaleras y tuvo cuidado en pasar silenciosamente por la oficina del auxiliar que continuaba sellando mecánicamente los cuadernos de asistencia.
Pudo llegar al pabellón de Primaria, y empezó a caminar con mayor tranquilidad. Se dirigió entonces al punto de reunión de todos los días. Pero antes de esto, antes de dirigirse a la biblioteca donde se encontraría con Chamba y Nizama (que lo esperaban con sus respectivas ironías), apareció ante él la imagen de Marlene que lo atormentaba una vez más: “te quiero, en verdad te quiero, el idiota de Rudy…”
—Pero aquí tenemos a nuestro retador —declaró Nizama en tono solemne al notar la presencia de Mario—, ¿listo para el encuentro de hoy?
—No lo jodas, Nizama —su rostro marcado por el acné expresaba sinceridad—, somos sus amigos y tal vez él no quiera…—Chamba le dirigió una mirada tímida e interrogativa y dudó en terminar la frase—, tal vez no quiera…
—Yo quiero romperle la boca a ese imbécil —Mario aclaró en voz baja pero firme, tratando de disimular su indignación, indignación que no se reducía a lo que había escrito Rudy sobre ella en el baño, sino también en el recuerdo doloroso de cómo ella y sus amigas correspondían a las bromas obscenas de éste, “¿acaso no se lo merecía?”
—Al contrario él te la va a romper a ti. Rudy es capaz de pegar a uno de quinto como si nada, —Nizama agrandó los ojos en señal de admiración golpeando con el puño la palma de su mano. Sonrió— ¿recuerdan lo del flaco Avellaneda?
—Sí, claro —declaró Chamba con gesto elocuente— Casi lo destroza. Por algo su viejo enseña artes marciales en la municipalidad, ¿recuerdas su foto con el alcalde?
—Si nosotros no hubiéramos aparecido en el baño, ahorita no estarías entre nosotros —rió Nizama y se persignó—, ahorita estaríamos celebrando el funeral y consolando a la pobre viuda, ¿te imaginas?
—¿Qué viuda? —preguntó Mario intuyendo la respuesta.
—¿Quién más? —Insistió Nizama divertido— Marlene. Nadie se ofende tanto por una chica y sobre todo frente a Rudy. Todo el mundo sabe que te mueres por ella.
—Mentira —dijo Mario con voz nerviosa—, sólo me jode que ese retrasado mental haya escrito esas asquerosidades en el baño. Lo hubiera hecho por cualquiera.
—No mientas —apoyó Chamba— todo el mundo lo sabe. Yo vi cómo te incomodabas la noche pasada cuando el cholo José empezó a hablar de las piernas de Marlene. Hasta aseguró que las había tocado. Casi lo matas con los ojos, ¿manyas?
Mario encogió de hombros y pensó en ella.
“Fue la primera vez que la vio verdaderamente, la primera vez que la miraba a plenitud, claro, habían compartido la misma aula el primer año pero nunca se había acercado. Tenía que hacerlo, el examen se acercaba y necesitaba el cuaderno. Caminó lentamente hacia ella como si no pensara en lo que hacía, y, mientras trataba de salir de esa maraña de palabras desordenadas y frases sin sentido, pudo ver la claridad de sus ojos, esa tranquilidad única en sus ojos, mientras ella continuaba allí, moviendo la cabeza de un lado a otro, en gesto interrogativo. Él recordó, mientras Marlene seguía escrutándolo con la mirada, algo que le pareció gracioso, casi cómico, casi ridículo, pero que, poco a poco, parecía cobrar realidad. Vio en ella, en sus ojos claros, en aquella sonrisa inolvidable, en la elasticidad de esa chica linda que le encantaba las clases de gimnasia, la figura de su gato, los maravillosos ojos de su gato, al que tanto había querido, al que, en su posición de esfinge, lo observaba desde la ventana de su habitación, siempre elegante. No logró terminar lo que había iniciado, lo que le hubiera gustado que iniciara desde ese día, pero logró conseguir el cuaderno, ¡y eso ya no importaba! Lo que importaba es que ya la había comenzado a distinguir, como si por arte de magia se hubiera transformado ante sus ojos: su cabello, que siempre le había parecido de un color pajizo a la distancia, y del que se había burlado en alguna ocasión, se convirtió de pronto en algo más dorado que el sol, hecho de oro puro; su caminar, que tenía alguna tendencia a semejarse a la de un pato, se convirtió de pronto en el andar propio de princesas europeas o de aquellas modelitos “Top” de revistas de moda; su risa, que siempre le había parecido algo estentórea, ruidosa, la sentía ahora musical y perfecta. En fin, estaba enamorado.”
—Oye, en qué piensas —preguntó Nizama mirándolo con curiosidad.
—En nada —contestó Mario—, en qué voy a pensar.
Una imagen persistente en su cerebro: La imagen de Marlene recostada en su pupitre leyendo sus últimas notas de clase. Maravilloso. “¿Alguna vez me atreveré?”
                Después de unos segundos agregó:
—Sí, estoy templado de ella.

***
Las sonrisas paternales se sucedieron entre Nizama y Chamba, acompañados con un gesto de aprobación e innumerables codazos. A Mario le pareció increíble haberlo dicho, pero al sentir la complicidad de sus amigos se sintió bien. Sabía que ellos le podrían ayudar.
—Pues felicitaciones, Don Juan —celebró Chamba alzando su botella y empinándosela— ahora tienes que conseguir la cabeza de Rudy  y dársela como trofeo de guerra.
— ¿Quién le va a cortar la cabeza a quién? —preguntó Nizama—. ¿Mario a Rudy o Rudy a Mario?
—Pues Rudy a Mario. Y eso no va a ser nada divertido a la vista de Marlenita ¿no?— comentó Chamba divertido.
—Me va a humillar frente a todos a la salida. Eso no me importa, sino que ella…
—Entonces no te presentes y listo —aconsejó Nizama.
—No soy un cobarde —dijo Mario con desgano—, no lo puedo hacer. Todo el mundo me lo va a echar en cara.
— ¿y?
—Si pudiera ser en otro lugar y a otra hora…—dijo Mario en un tono bajo y pensativo.
—Entonces —dijo Chamba agarrándose su agudo mentón— sólo te queda trepar el muro antes de que termine la clase. Así no te va agarrar.
—Apenas toque el timbre la gente te va a empezar a joder, no va dejar que te vayas rápido.
—Sólo te queda salir antes.
Mario dirigió la mirada al cielo y empezó a sentir una especie de vértigo. Sólo quería que ella no estuviera.
—Sí, iré por el callejón y treparé el muro, ¿me ayudan?

***
El ruido escandaloso del timbre empezó a invadir todos los salones y acompañó a los tres en su descenso de la biblioteca. Los alumnos entraban en tropel a sus salones. La segunda advertencia ahora era sólo acompañada por el ruido estruendoso de las escaleras. Ellos caminaron silenciosos entre las aulas de primaria y en poco tiempo llegaron al pabellón de secundaria. Subieron al segundo piso (su salón estaba al final del pasadizo), pero antes de esto, se encontraron con la figura de Tolomeo, o mejor dicho, Tolomeo Tolentino —pues ese era su nombre completo— con una sonrisa en el rostro y una extravagante mirada llena de satisfacción por saber todo lo ocurrido. Sabían que no habría necesidad de contarle nada pero sí de solicitar su ayuda.
Después de explicarle los detalles de la próxima fuga, le pidieron, ya que él se encontraba en la sección “A” y era la excepción a ese grupito de niñitos bien, que guardara las cosas de Mario durante las clases, mientras él procuraba salir con algún pretexto de la otra sección y disimular así su salida. Nadie tendría por qué sospechar. “Lo mejor será que sólo le pidas salir al baño al profesor Medina ¿no?, y que sea un poco antes de la salida, es lo mejor, y así nadie sentirá tu ausencia”. Tolomeo los acompañó hasta la sección “B” y entraron dirigiéndose al final de la fila. Él trató de concentrase en guardar sus cosas pero no pudo evitar imaginar que Marlene estaba al otro extremo del salón con sus amigas, ajena a todo lo ocurrido. Trató de controlarse y se dirigió rígido a la puerta, “¿acaso no sabe lo que hice?”
—Bueno —dijo Chamba contemplando todo el pabellón de secundaria— el profesor no ha llegado. Sería excelente irnos ahora.
—Medina te tiene mucho aprecio —dijo Nizama—, te dejará salir al baño sin problemas.
Mario no tenía ningún interés especial por las matemáticas, pero tenía una inclinación natural por ellas. Veía los problemas más complicados como simples sumas o restas, ganándose el afecto del profesor.
—Sí, tienes razón —confirmó Mario—, pero necesito a alguien que me ayude a trepar.
—Yo te ayudaré —contestó Chamba.

***
Salieron. Tocaron de inmediato la puerta de la sección “A” y Tolomeo le entregó sus cosas. El profesor de esa hora no sospechó ya que le explicó que estaba enfermo. No había tiempo que perder. Mario y Chamba avanzaron rápidos y cautelosos por los pasadizos, bajaron las escaleras y fueron detrás del edificio de secundaria. Este edifico y la muralla que rodeaba toda la periferia del colegio formaba una especie de callejón algo estrecho, lleno de sillas y mesas destartaladas, oxidadas por la humedad.
—Tienes que subir por aquí —recomendó Chamba volteando a cada momento la cabeza.
Mario empezó a subir con mucho esfuerzo mientras Chamba intentaba impulsarlo para que se agarrara con la parte final de la pared. “Es un buen amigo”, pensó.
Mario aún recordaba, aunque el recuerdo parecía lejano, aquel día en que se volvieron verdaderos amigos, aquel día en que, al unísono, propusieron al resto de compañeros jugarle una broma a “colibrí” Fernández.
                Las últimas horas de los días viernes correspondían al curso de Educación física, y el lugar usual donde se realizaba la clase era el patio del pabellón de primaria —en ocasiones tenían que salir y darle algunas vueltas al colegio, pero generalmente era allí—, todos debían llevar el uniforme plomo obligatoriamente, sobre todo los lunes y viernes que eran días de formación, por lo que tenían que cambiarse unos minutos antes de que comience la clase. Las chicas, durante el cambio de horas, se dirigían automáticamente a su baño y los chicos, y así siempre era, optaban por cambiarse en el salón. Todos se desvestían con tranquilidad, salvo algunas bromas hacia algunos chicos que eran demasiado flacos como los perros del barrio, o excesivamente gorditos como… Pero en ese instante se daba algo que ya se estaba haciendo ritual: el strip-tease de “colibrí” Fernández. Subiéndose a la mesa del profesor, “colibrí”, con una sonrisa descarada, empezaba a desvestirse lentamente haciendo movimientos sexualoides hasta quedar sólo en calzoncillos. Al principio, atrajo llamativas risas y aplausos, pero, poco a poco, fue perdiendo la gracia y se fue convirtiendo en algo rutinario, por lo que muchos se retiraban antes de que terminara la función. Sin embargo, “colibrí” insistía aún sus dotes de baile, pues aún le parecía gracioso. Todos aceptaron entonces la propuesta de Mario y Chamba de jugarle una broma y hacer justicia. El primer viernes del mes, mientras “colibrí” terminaba su actuación, quitándose con soltura sus últimas prendas, Chamba, deslizándose sigiloso por detrás de la puerta, logró apoderase de toda su ropa y correr hacia la salida. Al ver la emboscada “colibrí” lanzó un chillido escandaloso que inundó todo el salón pero no pudo salir: los demás compañeros ya habían cerrado la puerta.
“Colibrí” Fernández sólo logró salir —y vestirse— hasta dos horas después.

***
Mario, en sus deseos por subir, resbaló y sintió el crujido de las carpetas.
—Apúrate que el auxiliar puede venir —le pedía ansioso Chamba—, coge la parte de allá, es más seguro.
— ¿Este? —preguntó Mario, que aún podía ver las diversas inscripciones en la parte baja de la pared, y recordó de inmediato la figura de Marlene.
— Sí, y luego te sostiene de ese ladrillo.
Haciéndolo así, Mario pudo ver la inmensa pampa que era la cancha del colegio, “con un gras sería excelente”. La pelea tenía que ser ese día y era mejor que fuera en la tarde, tal vez en los videojuegos Hidalgo, donde todos alumnos del Perú-EE.UU se reunirían y donde él podría demostrar que no era ningún cobarde a pesar de la paliza que iba recibir.
—Te veo en las “fichas” a las  tres —dijo dispuesto a saltar—, dile al profe que me siento mal y que aún sigo en el baño. Ya van acabar las clases, no se va a molestar.
Saltó. Sintió un escalofrío que le recorría todo el cuerpo concentrándose luego en el cerebro. “Lo hice”, pensó. Sonreía de satisfacción a pesar de saber lo que sucedería en la tarde. Pero se sentía bien, Marlene no tendría que ver su humillación, nadie hablaría mal del él si perdía y a ella le llegaría la noticia del hombre valiente que defendió a su amada…, sin embargo esa sonrisa se transformó de pronto, como un gol al último minuto, en resignación: recostado en un poste, Rudy lo miraba sarcásticamente, fumando un cigarrillo para relajarse, dispuesto a esperar la salida y humillarlo frente a la chica que quería y que había originado toda esta trama.
Mario imaginó entonces a un lindo gato, aquel gato de la infancia que tanto había querido, con sus rayas de leopardo y sus ojos mágicos, y supo que estaba perdido para siempre.

Álex Romero Meza

Lima, 20 agosto del 2005

* Cuento ganador de los Juego Florales 2005, Universidad de San Marcos, Facultad de Educación. Jurado: Oswaldo Reynoso.

domingo, 11 de octubre de 2015

II CONGRESO DE FILOSOFÍA AUGUSTO SALAZAR BONDY




Los días miércoles 4 y jueves 5 de noviembre, de 4 a 8 p.m., la Casa de la Literatura Peruana (Jr. Áncash 207, Centro Histórico de Lima) será sede del II Congreso de Filosofía en homenaje al filósofo Augusto Salazar Bondy, al conmemorarse 90 años de su nacimiento.
El evento, que es organizado por el Centro Estudiantil de Investigación de Filosofía Pedro Zulen y la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, también se realizará en dicha facultad el viernes 6 de noviembre.  El ingreso es libre.
Como parte del congreso, el miércoles 4 de noviembre, a las 6 p.m., se inaugurará en la Sala del Autor de la Casa de la Literatura Peruana una exposición bibliográfica y fotográfica acerca de la vida y obra de Augusto Salazar Bondy.
Augusto Salazar Bondy (1925 – 1974) fue un educador y filósofo peruano que dedicó su reflexión a temas como la cultura, la educación, la dominación y la liberación. Fue militante del Movimiento Social Progresista y miembro fundador del Instituto de Estudios Peruanos. En 1970 fue nombrado vicepresidente de la Comisión de la Reforma de la Educación, que preparó la Ley General de Educación, aprobada en 1972. Entre sus obras se cuentan Entre Escila y Caribdis, Historia de las ideas en el Perú contemporáneo ¿Existe una filosofía en nuestra América?



La enseñanza de la filosofía y sus posibilidades metodológicas en la obra de Augusto Salazar Bondy.


SUMILLA

La presente ponencia versará sobre la metodología que propone Augusto Salazar Bondy para cumplir los fines de una genuina enseñanza de la filosofía. Se intentará dilucidar el grado de coherencia que existe cuando el filósofo, partiendo de una concepción valorativa acerca de la educación y la filosofía, señala las características centrales de una verdadera enseñanza de la filosofía y de una didáctica que la lleva cabo dentro del salón de clases. La didáctica de la filosofía en Salazar Bondy debe hacer frente a una serie de retos —como la de asumir que la educación conlleva un proceso de socialización y que la filosofía es una invocación al pensamiento auténtico— que, al ser salvados, nos permitirá afirmar que la metodología que propone nuestro autor transparenta de forma cabal sus ideas sobre lo que es la enseñanza de la filosofía y la formación del hombre nuevo.  

Álex Romero Meza   


viernes, 7 de agosto de 2015

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA: El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia.






Alberto Vásquez Tasayco
El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia.
Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2012; 182 pp.


Pero aunque hayamos llegado muy lejos en el sentido de la abstracción,
quizá tengamos que llegar más lejos todavía.
Bertrand Russell
El ABC de la relatividad

Para luchar contra la abstracción
es preciso parecérsele un poco.
Albert Camus
La peste

El libro del profesor Alberto Vásquez Tasayco es, de por sí, uno de los aportes más significativos que se han hecho en los últimos años en el terreno, muchas veces abstruso, de la llamada filosofía de la ciencia o epistemología. Las razones para apoyar lo dicho son muchas, pero rescataría, principalmente, el intento fructífero del autor por sistematizar los aportes de la epistemología y la historia de la ciencia, para que el lector llegue a comprender las distintas aristas de la scientia, como también resaltar las múltiples relaciones que presenta este corpus (lógico, teórico, empírico) con otros sistemas de conocimiento. Otra razón —y en esto surge la reminiscencia y parangón con el famoso libro de Bertrand Russell, El ABC de la Relatividad— es el afán de señalar con claridad todas consecuencias filosóficas del análisis realizado. Como afirma el autor en la Introducción: “El análisis de la ciencia a partir de las teorías científicas es propuesto como una auténtica actividad filosófica; desde esta perspectiva, la filosofía se limita a la Epistemología” (Pág. 23).

El libro de Vásquez Tasayco comienza con una extensa cita de Francisco Miró Quesada acerca del concepto de ratio (razón) que servirá al autor de reto y a la vez de guía sobre lo que se puede alcanzar con la filosofía en general y con la reflexión epistemológica en particular. Dicha cita resalta la capacidad del hombre para resolver problemas (teóricos o prácticos) de forma autónoma, recurriendo a su propia capacidad (razón). El hombre a través de esta capacidad descubre, en sí mismo, principios y reglas de cómo funciona el mundo que trasciende su propia conciencia como la de los demás. Miró Quesada resalta aquí la función crítica de la razón que lleva al hombre a no tener seguridad sobre los principios y reglas que, en primera instancia, ha encontrado y que a la vez lo impulsa a buscar otros principios ya que estos “son criticables y dejan de tener validez en una época posterior” (pág. 13). La cita del autor cierra con una pregunta abierta: ¿el hombre puede tener fe en la racionalidad, tomando en cuenta que dicha capacidad lo lleva a reconocer principios y reglas distintos, cuya validez es criticable por estar sometida a la variable del tiempo y a la experiencia de los individuos? Resulta importante la pregunta pues Vásquez Tasayco daría una respuesta afirmativa y quiere que el lector desemboque en la misma conclusión al conocer el panorama actual de la epistemología y su contribución en el análisis de la ciencia.

En el primer capítulo (“La epistemología y sus problemas”), el autor parte de una definición etimológica de la Epistemología que la concibe como una rama de la filosofía que estudia la episteme, es decir, “el conocimiento científico construido y de nivel abstracto” (pág. 27). Luego de esto pasa a enfatizar, con acierto, que la epistemología va a ir cambiando cambiando con el avance de la ciencia: la Epistemología moderna ya no reflexiona sobre la ciencia clásica sino sobre una ciencia que ha cambiado sus fundamentos, se ha ramificado y propone teorías mucho más consistentes a las de la antigüedad. De dicha definición pasa a otras de corte conceptual donde el autor pasa revista a la definición neopositivista que da el Círculo de Viena (la concepción heredada inicial y final) como a otras de corte hermenéutico (la concepción histórico-crítica de Piaget, por ejemplo). Al final del capítulo, Vásquez Tasayco presenta de forma sucinta los diversos aportes que los filósofos peruanos (Miró Quesada, Sanz, Piscoya, etc.) han ofrecido al desarrollo de esta disciplina en el país. El capítulo cierra también con los principales problemas de la ciencia contemporánea que la epistemología debe abordar en su objetivo de axiomatizar las teorías científicas: Causalidad, Inducción, Relatividad e Incertidumbre. En el último punto (la incertidumbre), el autor realiza una defensa de la validez de la investigación científica y sus resultados pues, si bien es cierto que al generalizar el conocimiento se produce incertidumbre, ello no quiere decir que tal conocimiento incierto sea falso sino en todo caso probable.

En el segundo capítulo, se estudian diversos sistemas de conocimiento partiendo del hecho de que el hombre ha buscado cumplir una función que le es propia: conocer lo que hay dentro y fuera de sí. El autor, siguiendo a Nagel, presenta diferentes niveles de conocimiento como son el sistema de conocimiento religioso, moral, técnico, artístico, filosófico, resaltando a este último porque sería la filosofía la encargada de pensar la ciencia y otorgarle un sentido desde nuestra condición humana. En la segunda parte, se realiza el análisis de la ciencia concibiéndola como un sistema de conocimientos que se obtienen a través de la razón. Dicho análisis se puede hacer desde el punto de vista logicista o historicista con lo que la ciencia se puede entender también como una actitud y un método (Dewey) o una institución social (Kuhn), etc. El autor cierra el segundo capítulo con una definición interesante —y polémica— de lo que es la ciencia y que nos hace recordar la idea de Miró Quesada de la ciencia como razón más contexto:

“Es un sistema semi cerrado de proposiciones verdaderas (verdades relativas y probabilísticas) acerca de la realidad, obtenidas a partir de un marco conceptual (cognitivo y valorativo) y un sistema de métodos, diseños y herramientas que producen explicaciones integrales (teorías), válidas para un contexto socio-histórico determinado.” (Pág. 79)

Siguiendo con el análisis que realiza el autor de la ciencia, tenemos el capítulo tres (“La ciencia como proceso”) donde se enfatiza que la ciencia es ante todo un sistema de conocimientos provisionales en un permanente proceso de comprobación y cambio. Investigar sobre el proceso de la ciencia significa conocer el proceso de construcción de conocimientos a partir de determinados métodos y la definición de los conceptos. Según el autor, los métodos se clasifican en lógicos e históricos donde método asume un significado laxo y otro restringido: es el camino que conduce a un fin, pero también “es el conjunto de procedimientos racionalmente elaborados, en los marcos del tiempo, espacio, teoría y valores, a seguir para la obtención de una meta u objetivo” (Pág. 85). El libro de Vásquez Tasayco ilustra claramente el hecho de que el proceso de aplicación de un método es el proceso de la investigación científica en el que tal método se inserta en un marco conceptual determinado, posee determinadas condiciones en las que opera y establece las relaciones externas en los contextos en los que se aplica. El uso de los métodos científicos conlleva a elegir, por ejemplo, instrumentos de medición como de recolección de datos lo que determina a su vez la forma de tratar y explicar cierto sector de la realidad. Podríamos decir que el método es un filtro teórico que posibilita mirar la realidad de una forma por el marco teórico que posee y que intenta tener una relación directa con el tipo de fenómeno a explicar. El autor aborda los tipos de métodos (de recojo de datos, de validación de datos) y presentan un esquema de la evolución de los métodos en el transcurso de los siglos desde la antigüedad (deductivo) hasta la modernidad (inducción y experimentación expresados en un lenguaje matemático, hipotético-deductivo, etc.), Un punto vital de este capítulo es el llamado “enseñanza –aprendizaje del método de investigación” en el que el autor plantea la pregunta: ¿se puede enseñar a investigar o no se puede enseñar a investigar? La respuesta es afirmativa pero enfatizando en el hecho de que dicho aprendizaje no se reduce a conocer una metodología de la investigación científica sino ante todo a comprender la naturaleza del producto científico, la función de sus técnicas y procedimientos como de las condiciones en las que se realiza la investigación. El aprendizaje de la investigación conlleva para Vásquez Tasayco a desarrollar tres capacidades: el análisis científico de la propia experiencia, el talento (para la resolución de problemas, planteamiento de hipótesis y toma de decisiones) y la inspiración creadora para llevar a la ciencia por caminos insospechados donde el producto que se obtenga sea nuevo y mejorado. Como cierre, el autor explica las dimensiones de la investigación (producto, acciones, y condiciones de investigación) y, citando para ello a Mario Bunge, indica cuál es el método general en el proceso de la ciencia, enfatizando en el paso de realizar deducciones “porque muestra la capacidad del investigador para extraer conocimientos nuevos” (Pág. 98).

El capítulo cuatro es complementario al anterior pues busca analizar los conocimientos producidos por la investigación científica: teorías, leyes y conceptos (teóricos y observacionales). Para el autor, los conocimientos científicos se organizan de forma jerárquica y su misma interrelación le otorga sentido a cada uno. Es el caso del concepto que lo define como “la unidad mínima de significación en la ciencia” (Pág. 105) pues permite la construcción de proposiciones que, a través de nexos lógicos, pueden llegar a tener la categoría de leyes (primarias o secundarias). Los conceptos, dice el autor, permite la formación y desarrollo del conocimiento. Al declarar su importancia, Vásquez Tasayco pasa a analizar sus dimensiones (universal / singular), propiedades (extensión / intensión), tipos (simples / compuestos). El autor pasa también a estudiar las leyes científicas y lo primero que señala es que estas son proposiciones que describen una regularidad de la naturaleza y poseen determinadas características: sintéticas, necesarias y a posteriori. Luego de esto, al señalar la formulación lingüística de la ley científica, nos muestra una gama de leyes que cumplen las características señaladas (leyes de Mendel, Kepler, Newton, etc.). Después de señalar los tipos de leyes, se presentan las diversas aristas de lo que es una teoría científica pues ella “alude al manejo de conceptos y con ello a construcción de proposiciones” (Pág. 125). Las teorías, indica el autor, para ser tales deben cumplir algunos requisitos de orden sintáctico, semántico, epistemológico, metodológico y filosófico. Después de esto pasa a analizar la estructura de las teorías científicas (ley principal / ley secundaria / proposiciones analógicas / proposiciones singulares) y presentar los enfoques que se tiene de ellas: la enunciativa y la estructuralista.

En el penúltimo capítulo (“Desarrollo de la ciencia”), presenta los dos principales momentos en el desarrollo histórico de la ciencia: La ciencia clásica antigua y la ciencia moderna. En el caso de la primera, señala el autor, ella se caracterizó por estar orientada filosóficamente pues fue la filosofía antigua la que pensó la ciencia según los métodos que debía emplear (la deducción) como los conocimientos que debía conseguir (verdaderos, categóricos, universales, etc.) y también el nivel de análisis que debía realizar (predominantemente teórico). La segunda etapa en el desarrollo de la ciencia, privilegia los hechos, asume el método inductivo, realiza experimentos y hace uso de instrumentos y sistemas de medición como también del lenguaje simbólico propio de lógica y la matemática. Para el autor, el tránsito de una ciencia a otra se dio por una revolución científica en el siglo XVII que estuvo marcada por un cambio en la concepción del universo y la geometrización del espacio. La ciencia moderna, afirma Vásquez Tasayco, significó un cambio de actitud: se debe investigar teniendo en cuenta lo necesario (Principio de la navaja de Occam) con el fin de llegar no a la “verdad” sino al conocimiento verdadero dentro de una disciplina en particular. De igual modo, ya no se puede partir de “verdades absolutas” pues la actitud científica es una actitud crítica en la que se admite el hecho de que sólo puede formular “verdades relativas” dado que podemos formular postulados mas no axiomas, es decir, probabilidades o hipótesis acerca de la realidad: es la nueva concepción de conocimiento científico, dice el autor, donde este conocimiento se encuentra sujeto a contextos específicos y por tanto su ámbito de validez es más reducido (Pág. 142). Aquí Vásquez Tasayco, después de señalar la necesidad de estudiar la historia de la ciencia, presenta las dos formas de análisis de la ciencia según sus aspectos internos o externos. El análisis interno conllevaría a una reconstrucción racional de la ciencia desde cuatro sistemas explicativos: inductivistas, convencionalistas, falsacionistas y la tesis de los programas de investigación científica. El análisis externo se remiten a los factores (sociales, políticos, psicológicos, ideológicos, etc.) que puede motivar y orientar la investigación. La ciencia, como diría Kuhn, es una actividad social que parte y se mantiene por una serie de compromisos dentro de una comunidad científica. Como cierre de este capítulo, el autor aborda los distintas formas de concebir el desarrollo de la ciencia: “de teoría en teoría”, es decir, pasar de una teoría a otra que posea mayor poder explicativo y que pueda ser verificable (concepción neopositivista) o falsable (concepción popperiana); “de paradigma en paradigma” (Thomas Kuhn), es decir, que, en el seno de una comunidad científica, se produce un cambio total de compromisos en el ejercicio de la ciencia normal (Revolución científica) debido a la adopción de una nueva “matriz disciplinar”; “de programa de investigación científica a programa de investigación científica” (Imre Lakatos) en la que se formulan versiones refutables de un programa de investigación a partir del trabajo empírico (experimentación) y la elaboración de hipótesis creativas sobre determinadas anomalías —a partir de la heurística positiva del programa— lo que redunda en el perfeccionamiento, regeneración o reestructuración de la teoría.

En el último capítulo (“Ciencia y tecnología”), el autor señala la imbricación y dependencia de ambas a partir de la naturaleza misma del hombre pues en él reside la integración de conocimientos, actitudes, voliciones, etc. La relación directa de la ciencia —cúspide de la racionalidad occidental— con la técnica y la tecnología se debe a que el hombre es sujeto de decisión y acción, es capaz de pensar y hacer. Si bien existe un vínculo estrecho entre la ciencia y la tecnología, esto no garantiza que, al compararlas, encontremos sólo semejanzas mas no diferencias. Todo lo contrario. Vásquez Tasayco indica que

“La ciencia inicia con los hechos, la tecnología con las teorías o explicación de los hechos; la ciencia desarrolla explicaciones en busca de la verdad (probabilidad o confirmación), la tecnología busca la calidad de sus procesos y productos (eficiencia y eficacia= efectividad); la ciencia se guía por la racionalidad científica, la tecnología se guía por la racionalidad tecnológica instrumental (toma el conocimiento como medio); la ciencia se construye con el lenguaje proposicional, la tecnología se construye con el lenguaje normativo; la ciencia tiene como producto máximo las teorías científicas (sirven para explicar), la tecnología tiene como producto los sistemas, instrumentos y maquinarias (sirven para operar, para hacer); la ciencia desarrolla por exigencia de conocer la realidad, modernamente para transformarla o dominarla; la tecnología desarrolla por exigencia de la demanda de diversa índole: de supervivencia, de control y de dominio político y militar real. En la ciencia hay, prioritariamente, un interés académico; en la tecnología hay, prioritariamente, un interés económico. La ciencia se presenta en lenguaje verbal o simbólico abstracto, que señala relaciones profundas en la realidad; la tecnología se presenta en el lenguaje de la imagen, privilegiando la percepción y generando una cultura de apariencias. La ciencia nos presenta la imagen de un mundo cercano a lo real y natural; la tecnología nos presenta la imagen de un mundo virtual, artificial y hasta artificioso con la finalidad, sobre todo, de diversión, alejado, muchas veces, del mundo natural.” (Pág. 157-158)

Señala el autor que el Homo faber ha ido complejizando su acción, tanto en términos de cantidad como de calidad, por las necesidades que ostenta en el transcurso del tiempo. Él va conformando sistemas de acciones con el fin de transformar los objetos concretos y obtener así un resultado valioso. Estos sistemas intencionales de acciones, de carácter normativo y que constituyen grandes guías de acción, se llamará lo técnico. Desarrollando el capítulo, Vásquez Tasayco establece algunos distingos interesantes entre la tecnología y ciencia aplicada, tecnología con artesanía, tecnología con ingeniería. La tecnología se define como una forma de conocimiento que tiene como objetivo diseñar y poner a prueba sistema o procesos con la ayuda del conocimiento científico. Advierte el autor con razón que la tecnología —cuya importancia es mucho mayor a la ciencia en la sociedad actual— no solo depende de la ciencia en la obtención de sus productos sino que su materialización implica capital (especialistas, insumos, maquinarias, infraestructura, etc.), decir, la tecnología tiene una variable económica que, en todos los casos, resulta indispensable y le da forma al proceso y producto tecnológico. Este interesante capítulo cierra con una presentación sucinta de lo que se ha llamado “filosofía de la tecnología” que conlleva una ontología, una epistemología y una axiología de la tecnología. Los problemas que encierra la tecnología para el hombre de hoy son muchas, nos dice el autor. Ella está ligada a intereses  económicos, sociales, políticos, a una racionalidad instrumental y una ideología con el fin de mantener determinadas relaciones de poder. El hombre con su trabajo tecnologizado es partícipe del desplazamiento de lo natural por lo artificial y resulta inconsciente del hecho de que, al consumir tecnología, también consume determinados valores que lo deshumanizan. Nos dice Vásquez Tasayco, finalizando el capítulo, que los problemas que aborda la filosofía de la tecnología son diversos y necesarios, y entre ella se encuentra el de la (supuesta) neutralidad de la tecnología.

He intentado resumir los diversos aportes que ofrece Vásquez Tasayco al análisis de la ciencia con el fin de demostrar que este abecé tiene todas las virtudes para convertirse en un opus introductorio y panorámico de lo que es la Epistemología en el mundo de hoy. Este tratado, como también señala Raymundo Casas, posee diversas cualidades —fuerza lógica, exhaustividad, simplicidad— que permiten al lector ser llevado de la mano para que pueda comprender la ciencia a cierta profundidad, sin ambages ni agregados superfluos.

En este texto hay algo que trasunta a lo largo de sus páginas y es la vocación del autor por valorar aquella reflexión y análisis epistemológico que se sustente en el trabajo científico real, en aquellos enfoques que no soslayan la historia de la ciencia pues esta ha revelado muchas veces que el desarrollo científico y sus productos ha partido de la creatividad y talento de los hombres de ciencia, la formulación de hipótesis innovadoras y la experimentación constante. Resulta revelador sobre este punto la cercanía del autor a la propuesta de Lakatos que a la de Popper pues este último asume una actitud prescriptiva antes que descriptiva de cómo se logra el conocimiento científico cuando alguien, familiarizado realmente con la investigación científica empírica, indicaría que es al revés.  

Para finalizar con esta breve presentación, habré de señalar que la reseña a este libro El ABC de la epistemología. Análisis de la ciencia tiene como encabezado dos epígrafes que, a mi entender, revelan lo que hemos dicho hasta ahora. La primera es la de Russell que nos habla del sentido de la abstracción y la necesidad de ir más lejos con ella. Aquí la abstracción no es la negación de realidad sino la profundización de la misma, es ir más allá del sentido común y conocer los fundamentos de lo real. Considero que tales ideas son afines a las de nuestra autor pues su interés es la de reflexionar en un metalenguaje el sistema de la ciencia y los problemas que encierra la práctica científica. Todo esto con el objetivo de enriquecer una auténtica metodología de la investigación científica en aquellos que se animen a seguir los senderos de la ciencia. La segunda cita es la del premio Nobel Albert Camus que hay que luchar con aquella abstracción vana, ajena a lo real que no redunda a favor de nuestra praxis sino que muchas veces falsea nuestra conciencia del mundo. Vásquez Tasayco hace abstracción de la ciencia pero sin ignorar el hecho de que es una actividad humana ligada a necesidades e intereses diversos, ligada a la práctica disciplinar de los científicos quienes buscan, a través de la observación y experimentación, aquel contenido empírico que diferencia a la ciencia de cualquier tipo de especulación (esto último es la lección del maestro Sanz). La ciencia es razón más contexto y ambas interactúan dialécticamente. La reflexión acerca de la ciencia no debe ignorar esto y Vásquez Tasayco no lo hace, de ahí lo valioso de este libro.


Álex Romero Meza



martes, 27 de mayo de 2014

PSICOLOGÍA NEGATIVA / Cuento



Álex Romero Meza
Nunca nadie me ha llamado loco…, y no tienen por qué hacerlo, pues, en estos treinta y dos años, mi vida ha transcurrido en lo que la mayoría llama una “vida normal”. No he sido hombre víctima de los comentarios de balcón ni he ido más allá de los deseos propios de mi época, soy, como diría algún alma entendida, producto de una sociedad que me hace consultar dos veces con el dentista y habitante de una ciudad que me conduce a través de veredas y plazas a cualquier parte que desee, siempre y cuando aparezca en un mapa de avenidas y calles.
No diré mi nombre pues no lo considero necesario. No es mi propósito hacer de esto una biografía, aunque sea un excelente material de estudio para conocer el alma de un hombre, sino el de entregar un testimonio; y si algo debo apuntar aquí es la profesión que llevo y que me hace ser mi propio objeto de estudio: la psicología.
Siempre, desde que tengo memoria y sobre todo desde que ingresé a la universidad, he sido mi propio objeto de análisis. Los compañeros de mi Facultad criticaban mi inclinación por esa tradicional psicología negativa (que se centra únicamente en las alteraciones mentales y no en las distintas manifestaciones de la psique humana como la alegría, el optimismo, etc.), pero ¿acaso la ciencia no ha surgido a partir de enfermedades y necesidades de todo tipo? Siempre me han gustado los casos de esquizofrenia y creo que nunca me podré desligar de sus estudios. Valoro también lo otro —soy un hombre de criterio— pero creo que el desarrollo de la psicología positiva es labor propia de almas sencillas y nobles, de autores de best séller, o terapeutas de televisión.
Me he dedicado al estudio de la esquizofrenia desde hace muchos años y, aunque el profundizar en estos temas me ha hecho descuidar mi entorno y vivir en soledad, me ha llenado de muchas satisfacciones y de metas, sobre todo en los descubrimientos neurológicos y la importancia social que tiene esta enfermedad. Sería demasiado comentar cada uno de ellos pero no podría dejar de mencionar que los síntomas generales de la psicosis, aquellos que espantan a la mayoría y que trae como consecuencia la reclusión de un pobre hombre en el manicomio, acercan más al genio y al demente que a cualquier hombre considerado “ecuánime”  y “pleno” en sus facultades físicas y mentales.
La fascinación con la que me consagrado a mi trabajo, mis estudios nocturnos y mi afán de auto análisis en estos casos extremos, han traído una serie de consecuencias en mi vida, y tal vez sea la razón principal por la que esté escribiendo estas líneas. No podría recordar la fecha de aparición de cada uno de mis síntomas, pero la transferencia que he recibido de mis pacientes en tratamiento es inobjetable. Mis sueños refieren exclusivamente a la alucinación de mis pacientes y sin embargo no he podido desprenderme de mi investigación, he procurado descansar pero la urgencia del trabajo no me ha permitido otra cosa más que seguir. Inexplicablemente, estos problemas fueron disminuyendo —permitiéndome continuar con mayor confianza—  hasta el 29 de diciembre pero resurgieron de modo traumático el 28 de enero.
No seré acucioso en los detalles por lo breve que debe ser cualquier informe de hospital  (muchas descripciones se pueden ahorrar utilizando sólo terminología médica).
Una noche me encontraba sentado en el escritorio de mi habitación cuando vi pasar la figura de algo horrendo. Era una criatura enorme y de largos cuernos que me miraban desde el otro extremo de la habitación; su rostro era indefinible y, aunque resultaba grotesco e imposible a la vista, tuve la impresión de que se parecía a mí. Sé que esa imagen (¿la mía?) era producto de una mente fatigada por el excesivo trabajo y la falta de sueño pero, aunque esto vaya en mi contra en la declaración oficial y especializada de mi estado, ¡era tan real!
Siempre pensé que la mente era capaz de crear demonios extraños, y el mío ahora estaba frente a mí, en el umbral de la puerta, en mi habitación, a unos pasos de mi escritorio. Yo sé que todo eso no es real, me agarro la cabeza insistiendo que es así, intento moverme de la cama pero no puedo hacerlo, la figura de ese demonio que aparece y desaparece por momentos, en los matices claros y obscuros de la ventana, a su libre albedrío.
Sé que todo eso rebasaba los límites de la normalidad, aún para mí que cuestiono esa idea con vehemencia, pero la imagen persistía, en los momentos de sosiego y tranquilidad de mis estudios, en los pasadizos del hospital, en cualquier árbol que se moviera con el viento. Consulté con el único amigo que podría confiarle estas cosas, me escuchó con tranquilidad y, profesionalmente, con la misma actitud segura con la que yo trato a mis pacientes, me pidió que no perdiera la calma, que lo sucedido era producto del estrés y la ansiedad por los casos que atendía, e insistió que tomara un descanso fuera de la ciudad. 
El cambiar de ambiente y sobretodo el compartir una vida común con alguien tan cercano a mí me hizo mucho bien los primeros meses. Mi madre me levantaba a las ocho y me daba a tomar un delicioso néctar que ella misma preparaba, el mismo que tomaba cuando era pequeño, y me apresuraba a que saliera a darme una ducha y fuera a caminar por los distintos lugares del pequeño e inolvidable poblado de B***
Mi amigo, a pesar de sus múltiples ocupaciones, no me olvidó y vino a verme semanas después. Analizó mi estado con detenimiento y me dijo que daba índices de mejoría, sin embargo, e inmediatamente después de que se despidiera de nosotros, caí en un cuadro de crisis nerviosa que me arrastró a la cama. Mi madre estaba preocupada y me explicó que posiblemente el hecho de que haya recordado todos mis síntomas en esa breve visita me condujo a tal estado. Dormí unas horas en mi habitación. No sé lo que pasó en esas horas (el pedazo de papel que me dieron se está acabando) dormía tranquilamente y sin ningún sueño, pero desperté de improviso arrastrado por una fuerza interna y escuché un grito, ¡era mi madre! Corrí alocadamente por la escalera y llegué a la cocina, en el mismo momento en que el demonio la atacaba, ella cayó de un desmayo, desesperado me abalancé sobre él y luchamos.
Perdí el conocimiento.
Lo que sucedió después de eso no lo recuerdo, me enteré que mi madre había muerto y que yo iba a un hospital de enfermos mentales acusado de asesinato; he estado amarrado por algunas semanas pero ya me soltaron las muñecas.

Escribiré más cuando me den otro papel…
Lima, 07 de marzo del 2006

lunes, 27 de enero de 2014

La pregunta por la técnica / Martín Heidegger




Alex Romero M.

La pregunta por la técnica de Martín Heidegger es un texto que se propone preguntar por la esencia de la técnica, es decir, abrirnos un camino del pensar con el fin de experimentar cuál es nuestra relación con la esencia de la técnica y  lo que corresponde a su delimitación. Lo primero que nos advierte Heidegger es que debemos evitar confundir la técnica con la esencia de la técnica pues esta última “no es, en absoluto, algo técnico” (pág. 113). La esencia de la técnica es algo que recorre a ésta pero no es la técnica misma. Considerarla algo neutro significa entregarnos a ella sin saber exactamente lo que es. El autor, antes de recorrer esa pregunta e impulsándose con ella, aborda la concepción corriente de la técnica que la entiende como un medio para un fin y un hacer del hombre (la determinación instrumental y antropológica de la técnica). Ambas ideas se copertenecen por lo que la técnica para ambas sería una totalidad de dispositivos (incluida en ella estarían el acto de elaborar y utilizar instrumentos, como las necesidades y fines que sirven, etc.). La determinación instrumental de la técnica es correcta pues orienta todos los esfuerzos para que el hombre llegue a tener una relación positiva con ella, asumiéndola como un medio y que llegue a dominarla plenamente, y así no se convierta en una amenaza que termine por dominar al hombre.  Heidegger nos advierte que, si bien es correcta esta concepción —instrumental y antropológica—, ella no nos lleva a desocultar la esencia de la técnica, es decir, llegar a su verdad (“Sólo allí donde acontece tal desocultar, acontece lo verdadero”). Con el fin de llegar a lo verdadero de la técnica, debemos buscarlo por medio de lo que es correcto en ella, sabiendo de antemano que este último “no es aún lo verdadero” (Pág. 115). Para esto, Heidegger debe preguntar por lo que significa lo instrumental y a qué ámbito pertenecen términos tales como medio y fin. La concepción de la técnica como medio, esto es, “aquello que por medio de lo cual algo es hecho y, así, obtenido”, concebido también este medio como lo “que tiene por consecuencia un efecto”, es decir, una causa (además de que los fines puede ser entendidos también como causas pues en vista a ellas se aplican medios), reafirma la idea de que en lo instrumental domina la causalidad. Es necesario por ello retraer los instrumental a su cuádruple causalidad.

La importancia de preguntar sobre la causalidad de lo instrumental reside en el hecho de que ambas quedarán sin fundamento, manteniéndose en la oscuridad y, con ello, la determinación corriente de la técnica que es un primer camino —el meramente “correcto”— para llegar a la esencia de la técnica. Lo primero que revisa Heidegger es la idea tradicional, que viene con Aristóteles, de concebir la causa como actuar o efectuar, lo que produce resultados. Sin embargo, el autor revela que el significado etimológico de causa, cadere, caer (que se debe entender como “aquello que hace que en los resultados, algo resulte de una manera u otra”) guarda una relación  con actuar pero eso no se asume así en el mundo griego. Lo que llamamos causa era entendido en el pensamiento griego como “lo que es responsable de algo”. Las cuatro causas de Aristóteles son en realidad cuatro modos de ser responsable-de que llevan al estar puesto y al estar preparado de un útil, es decir, lo traen a aparecer: le permiten pro-venir a la presencia, avanzar hacia la llegada. La esencia de la causalidad pensada por los griegos es el “dar-lugar-a” pues el ser-responsable-de lleva a ella en el sentido del permitir-avanzar. Es el dejar venir lo todavía no presente a la presencia. Para Heidegger, el ámbito donde se dan estos cuatro modos del dar-lugar-a, es traer haciendo aparecer lo presente, es, según lo afirmado por Platón, pro-ducir.

Los modos del dar-lugar-a se dan dentro del pro-ducir donde el dar-lugar-a atañe a la presencia de lo que aparece en el pro-ducir. Éste acontece cuando llega lo velado a lo desvelado, es decir, se mueve y reposa en el desocultar. El desocultar es lo que nosotros llamamos verdad y el análisis revela que el “desocultarse se funda en el pro-ducir” (pág. 120). Los cuatro modos del dar-lugar-a (la causalidad) se reúnen en el pro-ducir, por lo que fin y medio le pertenecen, esto es, lo instrumental. El pro-ducir es lo que encontramos al preguntarnos por la técnica concebida como medio, siendo este producir un modo del desocultar. La técnica es una de las formas del desocultar, el ámbito de la esencia de la técnica es el desocultamiento (verdad). La constatación de la técnica como pro-ducir nos lleva considerar que, etimológicamente, también es un “hacer” no sólo en el plano de la artesanía sino además en el ámbito de las bellas artes. De igual modo, hay que considerar a la técnica en cuanto “hacer” es una forma de conocer pues el reconocerse y comprenderse en algo es también una forma de apertura, de desocultamiento. Lo esencial que hay que pensar en el “hacer” de la técnica es que ella, más que aplicar medios, hacer y manipular, se define por ese desocultar, es un modo del desocultar (“Quien construye (…), desoculta lo que hay que pro-ducir según los respectos de los cuatro modo del dar-lugar-a”).

Según Heidegger, el ámbito esencial de la técnica es el desocultar, es decir, la verdad. Sin embargo, cabe preguntarse si tal determinación se cumple la técnica moderna (que lo es en gran medida porque se “interrelaciona” con la ciencia moderna, experimental, natural y exacta) por lo que la pregunta sigue siendo igual y decisiva: qué esencia es la técnica moderna para que ella pueda aplicar la ciencia natural.

Lo que es la técnica moderna es un modo del desocultar pero que no se mueve en un pro-ducir sino en un “provocar” que fuerce a la naturaleza a liberar energías para que puedan ser explotadas y acumuladas. Este provocar se puede entender como un “poner” a la naturaleza, es decir, un exigir en sentido inicial de abrir y exponer pero ambas están subpuestas al otro sentido del exigir: lograr la mayor utilización con el mínimo de esfuerzo. La naturaleza con este provocar se encuentra supeditada a la esencia de la técnica moderna (ejemplo característico es el río Rhin en el que no se ha construido una central hidroeléctrica sino al revés, el río se ha construido-obstruido en la central: la naturaleza es desde la esencia de la central hidroeléctrica). Nos dice el autor que la esencia de la técnica es un desocultar que asume el carácter de un poner en el sentido de un pro-vocar. Ésta descubre las energías ocultas de la naturaleza que son a su vez transformados, acumulados, repartidos y cambiados. Todo esto son modos del desocultar propios de la técnica moderna así como su desocultar propio al mostrar los medios a través de los cuales ella dirige. La esencia de la técnica moderna es un desocultar pro-vocante cuyo desvelamiento es lo establecido, es decir, lo constante, entendida ésta como el modo en que está presente todo lo que se refiere a este desocultar propio de la técnica moderna. El artefacto está desoculto como constante en la medida que se encuentra establecido para cumplir una función determinada de antemano: el avión “está desoculto en la pista de transporte como constante, sólo en  cuanto que él está establecido a asegurar la posibilidad del transporte” (pág. 126). El que realiza este desocultar como poner pro-vocante es el hombre, pero sin que el desvelamiento él mismo lo disponga, pues sólo en la medida en que también esté pro-vocado (y establecido) a pro-vocar las energías de lo natural puede acontecer la esencia de la técnica moderna, es decir, el desocultar establecedor. Según Heidegger, el hombre pertenece originariamente a lo constante porque está pro-vocado y establecido para la esencia de la técnica. Pero, a su vez, el hecho de que el hombre esté pro-vocado más originariamente al establecer lo lleva a que no sea jamás un mero constante. Él participa en el establecer, entendido éste como un desocultar, pero no en el desvelamiento mismo ya que éste no es un hecho humano. El desocultar no acontece en el hombre pues él es llevado en lo desvelado, es decir, se encuentra dentro del desvelamiento que lo impele a desocultar lo presente para corresponder a su llamada, al reclamo de uno de los modos del desocultar. El hombre obedece a un modo del desocultar aunque en verdad esto lo convierte en un ocultador. El autor nos revela que la técnica moderna no es un simple hacer humano, lo que nos lleva a deber “tomar, tal y como se muestra, el pro-vocar que dispone al hombre a tomar lo real como constante. Este pro-vocar reúne al hombre en el establecer. Esto reuniente concentra al hombre a establecer lo real como constante” (pág. 128). Aquello que es una interpretación provocante, que reúne al hombre a establecer el desocultar como constante es lo que Heidegger llama “lo dispuesto”. Este es el nombre “estrambótico” que le dará a la esencia de la técnica moderna.

“Dis-puesto significa lo reunidor de aquel poner, que pone al hombre, esto es, lo provoca, a desocultar lo real en el modo del establecer en cuanto lo constante. Dispuesto significa el modo del desocultar que impera en la esencia de la técnica moderna y qué mismo no es nada técnico.” (pág. 130)


Lo dis-puesto encierra la palabra “poner” que se entiende como pro-vocar pero a su vez este nos lleva a otro “poner” que deja aparecer lo presente en el desvelamiento. Ambos modos del poner (re-poner producente / establecer pro-vocante) están unidos por ser modos del desocultar: “en lo dis-puesto acontece apropiadoramente el desvelamiento, conforme al cual el trabajo de la técnica moderna desoculta lo real como constante”.  El hombre es pro-vocado en la era de la técnica a desocultar que lo vincula a la naturaleza como un almacén de energías. Este comportamiento establecedor del hombre muestra el origen de la ciencia natural, experimental y exacta. Un ejemplo es cómo la física es experimental, no porque en sus investigaciones acerca de la naturaleza emplee instrumentos sino porque ella “pone” teóricamente a la naturaleza como conexión calculable de fuerzas con el fin de averiguar se anunciará y cómo lo hará. La ciencia está al servicio de la técnica moderna donde la teoría física moderna prepara el camino para lo que es la esencia de técnica. Aquella es anunciadora y precursora de lo dis-puesto que es a su vez históricamente muy antiguo. El imperar de lo dis-puesto, entonces, pro-voca a la física moderna a que su ámbito de representación quede inintuido pues se exige el establecimiento de la naturaleza como constante. La física no puede desligarse de la concepción dada por la esencia de la técnica donde la naturaleza se anuncia dentro del cálculo establecible y que sea igualmente establecible como un sistema de informaciones. La idea fundamental de Heidegger en este aspecto es que la esencia de la técnica moderna se encuentra en lo dis-puesto y por ello necesita aplicar la ciencia natural exacta, opuesto completamente a la idea de concebir la técnica moderna como ciencia natural aplicada. 


FUENTE: Heidegger, Martin. “La pregunta por la técnica”. En: Filosofía, ciencia y técnica. Op. cit., p. 113-148.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Sobre la difusión de algunos artículos educativos




He tenido la grata noticia de saber que el portal educativo ACUEDI (Asociación por la cultura y la educación digital) está difundiendo algunos artículos que he publicando en este blog y en una revista especializada en educación.  Aquí mando los enlaces para favorecer el intercambio de opiniones sobre estos temas que, casi como imperativo categórico, debemos poner en agenda una y otra vez.